Es suya la decisión
Heidy González Cabrera
Colaboradora de Rebelde
2 de Marzo de 2009, 12:05 p.m.
La Habana, Cuba.- Muchas personas consideran a los gatos traicioneros, y la historia los ha hecho víctimas de supersticiones y leyendas; no obstante, se multiplican quienes admiran sus elegantes movimientos y el ronroneo ante la caricia.
Este animal pequeño, principalmente carnívoro, pertenece a la familia de los Félidos, y quizás no todos sepan que fue objeto de culto en el antiguo Egipto.
La historia recoge que muchos fueron tan reverenciados, que se momificaban para enterrarlos junto a sus amos.
Llegaron otros tiempos en que perdieron el esplendor de sus ancestros, y entre el olvido y la necesidad de alimentarse se convirtieron en verdaderos depredadores con el mantenido prestigio de excelentes caza-ratones.
De la leyenda a la tragedia
Lástima que tan preciosísima mascota pueda constituir un verdadero peligro para la salud al ser portadora de la Toxoplasmosis, enfermedad parasitaria causada por el Toxoplasma gondii, protozoario del grupo de los esporozoos, microorganismo descubierto en 1908 en África el Norte, y cinco años después… en nuestro país.
Ni qué decir el peligro que propician de desatar una alergia, factible no sólo a través de los pelos del gato, sino de la saliva, caspa, orina y excrementos. Se dice que los felinos son animales muy limpios por el tiempo que se dedican a lamerse.
Nadie puede deducir la cantidad de alergenos que transmiten con la saliva en esas limpiezas. Además de lamerse, envía a la atmósfera nubes de minúsculas gotas de saliva. Según los alergistas, los gatos constituyen verdaderos nebulizadores de alergenos.
Y es que no se puede ignorar el consejo médico de que todos los animales deben estar fuera de las casas, en áreas bien soleadas, y alejados de los niños. Las mascotas (perros, pájaros, hámster, etc.) transmiten múltiples parásitos, por tanto, olviden esas imágenes edulcoradas de las películas o de los cuentos infantiles donde niños y animales, viven y duermen juntos.
Confiamos a su conciencia la decisión de llevar una mascota, –o mejor dicho- una enfermedad, al seno de su familia. |