¿Un eterno invernadero?
Heidy Gonz�lez Cabrera
Colaboradora de Radio Rebelde
3 de Febrero de 2009, 2:50 p.m.
La Habana, Cuba.- La imagen de un oso polar aferrándose con dificultad a la punta de un pequeño iceberg que navega en el océano, refleja el dramatismo que conlleva el deshielo que ya enfrenta el planeta.
El calentamiento global es tema frecuente de la comunidad científica, que alerta el peligro de la extinción de múltiples especies, y en su máxima consecuencia, de los seres humanos. Y es precisamente esa propia humanidad quien puede revertir tal situación si detiene el afán desmedido por dominar la naturaleza.
La persistencia de la denuncia lleva implícito el llamado a preservar los recursos naturales, y a una mayor conciencia de los daños que se avecinan dentro de no tan lejanas décadas.
Son convincentes los documentales filmados en el deshielo de los Montes de Kenya, montaña de cinco mil 199 metros de altura que da nombre al país y cuyo casquete nevado ha sufrido un retroceso alarmante en la última centuria.
Igual angustia despierta la visión de un Kilimanjaro sin nieve, o una Antártica que no puede retener los grandes témpanos que se desprenden. Glaciares que hicieron vaticinar a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) la posible desaparición de algunos sitios Patrimonios de la Humanidad.
Y con razón, porque los abruptos e imprevistos cambios climáticos sorprenden en muchos países del mundo. Tsunamis, huracanes, torrenciales aguaceros que inundan poblados, o intensas sequías que destruyen todo vestigio de vida.
El planeta parece cobrar venganza contra quienes le destruyen lentamente, y como dios inmisericorde, desata la muerte sobre la faz de la tierra.
Ojala el miedo a lo inconmensurable comience a invadir las conciencias y agendas de los gobiernos de países ricos, y se dé un giro oportuno a las políticas sordas, para que reaccionen con urgencia antes de que el mundo se convierta en un eterno invernadero. |