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Dieta balanceada  
Aprender a comer: un acto de alegría, creatividad y placer
Astrid Barnet
Colaboradora de Radio Rebelde
9 de Marzo de 2009, 1:10 p.m.

La Habana, Cuba.- Un experto nutricionista y un hábil cocinero pueden dar cuenta de la cantidad de alimentos que deben incluirse en una dieta considerada sana, y lo placentero que puede resultar llevarla a cabo cuando la idea del placer viene asociada al paladar y al resto de los sentidos.

El gran error de nuestra cultura está en la asociación entre placer y exceso en cuestiones relacionadas a los sentidos. Cuanto más estimulación de sensaciones reciben nuestros sentidos, mayor acumulación de estímulos se necesita para producir placer. Y esto funciona en los marcos visual, auditivo y del gusto.

Pensar que temas como la alimentación, salud y placer van reñidos, es un gran error que puede llevarnos a importantes alteraciones en muchos campos de la salud. El placer en la alimentación no necesariamente está relacionado a grandes comilonas (o hartadas), y rebuscadas preparaciones. Tampoco una dieta saludable se define por estrictas prohibiciones y aburridas ingestiones.

Trabajar sobre la definición de lo que nuestro paladar considera gustoso es modificar una imposición cultural que muchas veces no nos beneficia. Así lo han entendido quienes, en situaciones críticas de salud, se han visto obligados a aprender a degustar otros alimentos.

Los criterios acerca de lo que es sabroso son disímiles en las distintas culturas y regiones del mundo, lo cual demuestra que se trata de una cuestión de hábito. Modificar esos hábitos en nuestra alimentación, aprendiendo a elegir lo que es sano y a la vez placentero, puede prevenir muchas patologías como el colesterol, la ateroesclerosis, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión y la obesidad, entre otras.

Comer no es sólo cuestión de gusto, pues esta acción implica razones culturales e históricas de cada sociedad, asociadas a las necesidades propias de cada organismo.

Asimismo, los riesgos de una mala alimentación pueden incluir excesos y defectos, y sus consecuencias van desde la desnutrición a la obesidad, pasando por la bulimia y la anorexia. La desnutrición se manifiesta fundamentalmente como resultado de grandes problemas estructurales de la sociedad, como son la pobreza, la marginalidad, la desocupación y la falta de educación, entre otros.

Sin embargo, un padecimiento como la obesidad está estrechamente vinculado a problemas en los hábitos de consumo, entre los que se destacan el consumo de grandes cantidades de la denominada comida chatarra: abundancia de grasas y azúcares, hamburguesas, tocino con huevos, helados, gaseosas, papas fritas…

Aunque la obesidad se observa con frecuencia en los países desarrollados, entidades como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierten de su presencia y  crecimiento en las naciones subdesarrolladas, como consecuencia de una dieta desbalanceada.

En esas circunstancias, las personas engordan por el consumo excesivo de alimentos ricos en harinas o féculas - pan, fideos, arroz, frijoles, según la región- a la vez que otras alteraciones alimenticias, como la bulimia y la anorexia, se deben más bien a mandatos publicitarios acerca del ideal de belleza, impuestos básicamente durante la adolescencia y la juventud.

Algo fundamental: hay que otorgarle un lugar primordial en nuestras vidas a la acción de sentarse a la mesa a comer, en la que además de satisfacerse una necesidad biológica se satisfaga la necesidad de encuentro con familiares, amigos, de diálogo y de comunicación.

Cuando las condiciones de vida no permitan hacer un alto varias veces al día para sentarse a una mesa y compartir el ritual de la comida, es preferible elegir al menos una de las comidas (desayuno, almuerzo, merienda o cena), para respetarla y repetirla diariamente. De ese modo, el acto de comer junto a otras personas constituirá un ritual que transformará el acto mecánico de ingestión en un momento de placer y salud. Transformar el acto de comer en un momento de alegría, creatividad y placer no es difícil. Tan sólo es necesaria una férrea convicción, algo de buena información y el deseo de mejorar nuestra calidad de vida.

   
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