La barrera de la timidez
Heidy González Cabrera
Colaboradora de Radio Rebelde
27 de Enero de 2009, 1:45 p.m.
La Habana, Cuba.- Por mucho que nos esforcemos, la vida nos hace pequeñas trampas, y caemos en contradicciones que nunca imaginamos. La que voy a destacar, lamentablemente, es muy frecuente. Miren, hay muchos padres preocupados por alejar a sus hijos de prematuras relaciones sexuales, sin imaginar que, en el más angustioso silencio, sus hijos sufren una enajenante timidez.
Llegada la adolescencia y pasados algunos años más, muchos jóvenes se preguntan ante la presencia de una muchacha que les gusta: ¿Cómo haré para enamorarla?, ¿Cómo sabré si le gusto?... y un sin fin, de cuestionamientos similares, sin decidirse a “romper el fuego”.
Los adultos no parecen recordar que también enfrentaron semejantes apuros en su adolescencia, y suponen, que dada la libertad de que hoy disfruta la, juventud, establecer contactos resulta lo más sencillo del mundo.
Aunque, no caben dudas de que tienen más oportunidades que sus antecesores, hay un porcentaje bastante elevado que se queja de dificultades para la comunicación. La timidez, y las inhibiciones los invade, y provienen generalmente, de las influencias educativas. El tímido se siente inferior, y se desenvuelve de acuerdo a esos patrones.
El inhibido no puede convertir en acciones sus deseos e intenciones, porque, involuntariamente, el mismo frena sus impulsos. Quizás usted diga: ¿Por qué no tiene valor para iniciar una conversación si es tan inteligente? ¿Por qué no se atreve a besar a una muchacha si sabe que él le gusta? La respuesta es simple:
Teme ser rechazado o convertirse en objeto de burla. Le angustia hacer el ridículo o sufrir un fracaso. Y aunque no lo admita, le domina un evidente complejo de inferioridad. La inhibición bloquea y obstruye sus pensamientos, y lo único que experimenta es su vergüenza, motivo que lo obliga a callar. Pero, como en todas las cosas de la vida, el que no corre riesgos, tampoco tiene la oportunidad de triunfar.
Los médicos afirman que las crisis más serias de timidez pueden desatar los siguientes síntomas: sudoración, rubor en las mejillas, taquicardias, mandíbulas apretadas, molestos gases en el aparato digestivo, temblores, tic, movimientos repetidos de pies y piernas.
La timidez se vence en la medida que aumenta la seguridad en sí mismo, y ésta se logra mediante la formación, el estudio, el trabajo y los éxitos en todas las esferas de la vida. Y si por si sólo no se logra superar ese estado, pues hay que buscar ayuda de un psicólogo.
Ahora bien, es preciso no confundir a la persona introvertida con la tímida. La primera es reservada y vive encerrada en sí misma, porque elige disfrutar de su mundo interior. La timidez bloquea el contacto interpersonal.
Una conversación oportuna entre padres e hijos, puede romper la barrera del silencio, y tender ese puente imaginario de comunicación. Condición propicia para saber, si hace falta el médico, o simplemente, apoyo familiar. |