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Cuando calienta el sol
Lucía Sanz Araujo
Colaboradora de Radio Rebelde
web@radiorebelde.icrt.cu
4 de Agosto del 2009, 2:10 p.m.
La Habana, Cuba.- Sin discusión alguna, el verano resulta una estación propicia para las comidas refrescantes y de bajo poder calórico.
La alimentación debe adaptarse a las condiciones climáticas. Se requieren menos calorías para mantener la temperatura corporal, el apetito disminuye, solo apetecemos comidas ligeras y de ser posible frías.
Entonces, nada mejor que disfrutar a plenitud de los vegetales como el tomate, la berenjena, la zanahoria, la coliflor, la lechuga, el pepino, la remolacha…, en fin, un verdadero abanico de sabores, colores y texturas para conseguir una dieta sana y equilibrada.
Gracias al sistemático trabajo de los organopónicos, los huertos y el agro en general disponemos de variadas ofertas, aunque debe ganarse en cultura alimentaria pues determinadas plantas poseen valiosos beneficios y apenas se consumen, tales son los casos de la coliflor y el brécol, ambas con comprobados efectos anticancerígenos.
Según los especialistas, durante los meses más tórridos resultan recomendables los vegetales de estación, de ser posible aquellos en los cuales no se hayan utilizado plaguicidas o pesticidas. Así, junto a los “clásicos” de la cocina cubana: arroz y frijoles, no deben faltar las espinacas, acelgas, zanahorias y berenjenas. En fin, se trata de mezclar la biodiversidad para obtener todos los nutrientes necesarios al organismo.
Debe comerse todo lo crudo y más fresco posible. En el caso de las personas sanas, algunos autores plantean que el 50% de su ingesta debe ser cruda.
En cuanto al tipo de cocción, es preferible la conocida como al dente; es decir, lo mínimo. Dejar crujir los alimentos, resulta una buena señal. Así disfrutará mejor su sabor, textura y del propio acto de comer con su positiva repercusión sobre la calidad de vida.
Uno de los secretos de la buena cocina es no aburrir. ¿Cómo lograrlo? Recurriendo a los aliños y no en exclusiva a aquellos tradicionales a base de aceite y vinagre, podemos incorporar los agridulces con hierbas frescas, como uno con miel, jugo de limón y unas hojitas de menta o hierbabuena resultan ideales.
Un alimento tan socorrido como el tomate puede transformarse como por arte de magia. Comience por adicionarle a las rodajas, perejil picado y un poco de yogurt. En otras ocasiones puede incorporarle cebollino, ajo de montaña y cilantro. Algo similar podrá hacer con la zanahoria, el pepino, etc.
En otras latitudes, sobre todo en Europa, durante el verano las sopas frías como el gazpacho, el ajo blanco, la tarator y la vichysoisse, están siempre presentes en los hogares y los menús de los restoranes.
Aunque en Cuba no existe tal costumbre, no estaría de más incorporarla. De acuerdo a nuestras posibilidades podemos prepararlas con jugo s de frutas, yogurt y un poco de perejil; otra muy sabrosa, lleva yogurt, ralladuras de pepino, unas gotas de aceite y pimienta al gusto. ¿Otra opción? De jugo de melón con piña y platanitos. Las variantes pueden alcanzar el infinito, todo depende de las disponibilidades del mercado, la economía familiar y, por supuesto, de su fantasía. |