Dos mitades de una naranja
Heidy González Cabrera
Colaboradora de Radio Rebelde
5 de Marzo de 2009, 11:10 a.m.
La Habana, Cuba.- Está científicamente demostrado que lo más normal del mundo es, que además de compartir el hogar, la cama, y la economía, los matrimonios compartan las mismas enfermedades. Y aunque lastime la sensibilidad de los eternos románticos, voy a entrar en precisiones.
No es extraño que si la esposa sufre de depresión, úlcera gástrica, catarro, o hipertensión arterial, su marido presente los mismos trastornos.
Y esto no ocurre por compenetración, ni por muy identificados que sean. Simplemente, conviven en el mismo medio ambiente, reciben los mismos alergenos, igual comida, enfrentan las mismas tensiones cotidianas del hogar, todo ese idéntico modo de vivir, contribuye a la similitud de sus males.
Una publicación internacional de salud informó que expertos de distintos países estudiaron las historias clínicas de miles de parejas, con edades entre los veinte y setenta años. Tras ajustar factores, como obesidad, edad y hábito de fumar, que también tienen un impacto en el riesgo de enfermedades, encontraron coincidencias en los síntomas de las parejas.
¿Cómo no va a existir relación entre la salud de dos, si sus vidas se desarrollan en unidad total de factores?
Y por si fuera poco, cumpliendo la mencionada ley de la “atracción entre lo semejante”, la humanidad tiende a emparejarse con personas de similares estudios, nivel económico y demás intereses sociales, por no hablar de una semejante sicopatología.
A nadie se le ocurre pensar que el vínculo se disuelva en aras de mejor salud. Pero sí reconsiderar la conveniencia de que ambos miembros medias naranjas soliciten un chequeo médico conjunto para detectar sus afecciones.
Nada, que cuando una enfermedad entra en casa, grave o crónica, afecta no sólo al enfermo sino a todos los que le rodean. Es el precio de la vida en común, al que hay que aplicarle la filosofía popular que generó otro viejo refrán: “Sarna con gusto, no pica”. |