Con las piernas al aire
Heidy González Cabrera
Colaboradora de Radio Rebelde
27 de Febrero de 2009, 1:55 p.m.
La Habana, Cuba.- Várices. Sólo mencionarlas, cambia la expresión del rostro femenino. No importa la edad. Saben que es un padecimiento factible de aquejar por: embarazos, muchas horas de pie, y hasta influye cierta predisposición genética. Por todas esas y otras razones, las venas violáceas, algunas incoloras pero abultadas constituyen verdadera preocupación y constante vigilancia de las piernas.
Con menos incidencia, están presentes en los hombres. Pero, lo que pocas personas conocen, es que las várices son el resultado de la insuficiencia venosa crónica, enfermedad frecuente –padecida por cerca del 25% de la población mundial— y que en nuestro país, con más de 11 millones de habitantes, afecta a casi dos millones y medio de cubanos.
No es secreto que las várices “condenan” a las mujeres presumidas a esconder las piernas en los pantalones largos, renunciando al uso de las sayas. Injusto sacrificio por el temor a la cirugía. Sin embargo, que lejos están de entender el verdadero riesgo, porque sobre ellas pende “la espada de Damocles”. Y no exagero. Les traigo la valoración de un experto, el doctor Antonio Suárez Cabrera, jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Clínico Quirúrgico Docente “General Freyre de Andrade”.
-Las várices pueden complicarse, tener una ‘ruptura’ y por ende sangrar; producir intenso dolor aunque no haya rotura de la piel. Además, la hiperpigmentación del tercio inferior de la pierna, y los procesos inflamatorios repetitivos, conducen a algo muy impresionante: las úlceras.
“Pero el peligro real, en el que pocos piensan, radica en la enfermedad tromboembólica venosa (trombosis venosa profunda o embolismo pulmonar), coagulación de la sangre en el interior de las venas (trombosis), con el desplazamiento y fijación en el pulmón de la totalidad o un fragmento del coágulo (embolia)”.
Más que una esperanza
El nombre del doctor Antonio Suárez Cabrera, también profesor auxiliar y especialista de 1er grado en Angiología y Cirugía Vascular, empezó a escucharse insistentemente en la capital. Primero, fue como un rumor desechado con escepticismo; después, como noticia “con todas las de la ley”: Hay un médico que quita las várices con una técnica novedosa llamada Escleroterapia con Espuma.
Hoy, este especialista nos dice sonriente y con la mayor naturalidad, que la praxis no es nada novedosa, que se usaba desde hace tiempo, pero combinada; es decir, la cirugía se dedicaba a várices complicadas y de gran tamaño, y la escleroterapia, a venas de pequeño calibre, o como complemento de la primera.
Actualmente, la Escleroterapia con Espuma consiste en inyectar la vena con una sustancia espumosa que ocasiona el cierre de la luz venosa al producir irritación de su pared; la várice se transforma en un cordón fibroso, que el organismo identifica como ajeno y, posteriormente, elimina.
-La escleroterapia –añade- tradicionalmente utilizó agentes líquidos. Pero, debido a complicaciones tóxicas, sólo se trataban venas de gran tamaño; ahora el proceso es con la variante de espuma”.
En cuanto a si vuelven a aparecer, el angiólogo recuerda, que donde hay predisposición, pudiera suceder, porque la insuficiencia venosa crónica no tiene tratamiento definitivo. No obstante, sugiere la conveniencia de medidas higiénico-dietéticas y posturales: evitar el sobrepeso, cuidarse de largas estadías de pie, usar calzado con tacón de 34 cm., practicar deportes, proteger las piernas del calor con baños de agua fría; combatir el estreñimiento, vestir ropas holgadas y eliminar los anticonceptivos orales.
En cuanto a una pregunta que no falta: ¿duele la aplicación? El experto convence de que es un procedimiento indoloro, que apenas produce molestias. Añade, que elimina várices difíciles de extirpar con cirugía convencional, y por si queda alguna duda, destaca que no necesita ingreso hospitalario pues se realiza de forma ambulatoria, sin anestesia ni reposo prolongado. Al terminar, coloca una venda elástica y el paciente… ¡regresa a la casa! |