|
Juan Manuel Olivares Chávez
Corresponsal de Radio Rebelde
web@radiorebelde.icrt.cu
El virtuosismo de la Suite de Frank Fernández
1 de Octubre de 2009, 11:00 a.m.
Las Tunas, Cuba.- Ana Teresa, Ochoa y Joel engrandecieron el espíritu con la disertación del multipremiado y mundialmente reconocido genio de la pianística cubana, Frank Fernández Tamayo tras interpretar el concierto por el Aniversario 213 de la fundación de la ciudad, devenido en homenaje a la décima, a El Cucalambé y al poeta bucólico más importante del siglo XX en el país, Jesús Orta Ruiz, El Indio Naborí.
El genial intérprete recreó el Ave María de Bach Gounod y Franz Schubert, creó cinco danzas del iniciador de la escuela cubana de piano Ignacio Cervantes, interpretó tres vals de Federico Chopín, repasó los temas de amor de Tierra Brava y de la Gran Rebelión; hasta buscar el más alto virtuosismo con la obra maestra de su autoría Suite para dos pianos, aderezada por Bolero, Vals Joropo, Conga de mediodía, Habanera y Zapateo por derecho.
El maestro que convive con la música prefirió intercambiar con su público en cada entrante y recordó el periodo romántico del siglo XIX, cuando el instrumento se adueñó del escenario.
“Yo creo que la escuela cubana de piano empieza a existir desde Ignacio Cervantes, Cuba toda la vida ha tenido grandes pianistas: Lecuona, Cecilia Aristy, Ribete Hernández, Zenaida Monfugás; en la música popular Velo Valdez, Chucho hijo, Peruchín, Lilia Martínez; la pianística cubana siempre a sido muy fuerte en todo el continente, quizás la más fuerte que existe”.
Llevado por la pasión que comunica al tocar el maestro sostiene que la deuda de un artista con su cultura, con su país es eterna, nunca se paga y de hecho retomó la inagotable polirritmia vivida con el repicar de lo cueros, campanas y cencerros de la conga santiaguera de Los Hoyos…
“La diferencia rítmica de esos tambores cuando se toca bien una conga, ahí es donde está la diversidad y la variedad. Ahora la polirritmia, la forma de tocar diferente para armar un todo eso es algo”….
¿Cómo llevar esa expresión con sólo diez dedos de la mano al teclado del piano?
“Si tú dices que como llevarlo, quiere decir que algo sentiste que se parecía a la esencia de donde salió eso y precisamente es un halago muy grande para mi, pero en realidad yo no soy un folklorista, o sea a mi no me interesa hacer la conga, ni hacer la rumba de la manera maravillosa que la hacen los grandes impresionista del género, a mi lo que me interesa es no privarme si me lo permite la vida y me lo acepta el público de acercarme a esos géneros que yo considero que son maravillosos y fíjate en Canadá la crítica planteaba que la frontera entre la música clásica o la culta y lo popular en esta Suite era prácticamente indescifrable, no se sabía donde comenzaba una cosa y terminaba la otra, y eso es algo que me parece importante.
“Yo creo que hacer una sinfonía no es ser un gran compositor, ni tampoco hacer una canción significa ser un gran compositor, el problema es hacerlo bien, un guaguancó mal interpretado es tan horrible como una sinfonía mal tocada, el problema es hacerlo bien y creo que las divisiones de culto y popular responden más a problemas económicos y a problemas clasistas que a problemas estéticos, porque si tu te pone a analizar la historia de todos los pueblos la mayoría de la gente que se dedicó a la música clásica de concierto, fueron la gente que podían pagar, entonces el que no podía pagar un conservatorio o un buen profesor, tenía que inventarlo, tenía que hacerse autodidacta y yo creo que ahí está la génesis de esa división que por cierto la critican solamente los que son incapaces de hacerlo”.
Profesor acaba usted de desarrollar uno de los conciertos más grande que recuerde la historiografía del teatro Tunas, en un día también memorable ¿Porqué El Indio en la cuna de El Cucalambé?
“Fue mi amigo, el me escribió, incluso me escribió crítica y me escribió décimas maravillosas y lo quería y admiraba mucho, yo diría que lo quiero mucho y lo admiro mucho y si existen los espíritus cosa que nadie ha demostrado totalmente que no existen ni que existen, El Indio tiene que haber sonreído porque yo toqué esa Suite pensando mucho en él, porque ese mundo de la controversia que sale de la campiña era algo que él disfrutaba extraordinariamente”.
¡Interpretó usted más de una pieza con el nombre de Amor!, recuerdo al Indio cuando un homenaje al Cucalambé en El Cornito dijo: “Bastaría que los cuatrocientos millones de personas que hablan el español, y que tienen que estar identificado con la décima digan Amor en décima o en prosa para que halla unidad y paz en el mundo”, y así el maestro Frank continuó: “Yo creo que eso es una constante del siglo XXI, es algo extraño, peligroso y terrible; se están acrecentando las guerras, pero se están acrecentando los movimientos del amor y yo creo que en esa búsqueda de la paz y del amor el arte desempeña un papel extraordinario, yo creo que cuando hay un buen cuadro, cuando hay una buena décima, cuando hay una buena música se limpia el espíritu, yo creo que el arte purifica al ser humano y le saca su mejor cara, su mejor parte, yo me siento un privilegiado de que me hayan dado la posibilidad de ser un poco artista”. |