La reacción aciclónada
Fernando Dávalos
Colaborador de Radio Rebelde
6 de Marzo de 2009, 11:10 a.m.
El cruce destructor de tres huracanes tropicales, a solo unos días entre uno y otro, hace solo cuatro meses, hizo mucho daño en la vivienda y las poblaciones, y la red eléctrica, pero fue muy aniquilante en zonas agrícolas de todas las provincias de Cuba, fuentes de la alimentación popular. El tremendo colapso se conoció inmediatamente luego de cada fenómeno atmosférico, cuando se entronizó una fuerte penuria en viandas, vegetales y frutas en casi todo el país. Entonces la ayuda solidaria externa alivió la situación, en primer lugar en los lugares donde se habían sentido más fuertes los vientos y lluvias.
Fueron las semanas en que se trató de rehabilitar lo que había quedado en pie, en los cultivos de follaje más pegado a tierra, y se sacaron cosechas enteras de boniato y algo de malanga, y poco más, pero la gente resistió. Los campesinos, los técnicos y toda la estructura agrícola de la nación se entregó a las siembras de ciclo corto y a trabajar en la preparación masiva de tierras para a la inminente estación vegetalera, que coincide aquí con el invierno. Pero cuando esto sucedía, aún faltaban semanas para la recolección.
La prensa cubana reseñaba estas campañas preparatorias, y hasta los artistas se hicieron ver, con sus artes, en los campos abiertos pero todavía vacíos, prácticamente en las catorce provincias cubanas y en el municipio especial de la Isla de la Juventud, todos devastados. Se actuó con rapidez y el Gobierno de Cuba mejoró su organización y eficiencia, se arreglaron grandes y pequeños problemas pendientes y se evitó que la impaciencia, o las necesidades, echaran a perder lo que se preparaba. Se requería de tiempo, pero nunca se violentaron los ciclos vegetativos. Empezaron las eventuales cosechas y se preveían más. Seguían las prisas y carencias, pero el país supo esperar.
 |
|
Se había destapado un invierno fuerte y temprano, y muchas siembras grandes pudieron realizarse correctamente y a tiempo, de la misma forma que las preparaciones de tierras para recibir la simiente. En enero pasado, a tres meses del fiero azote de los huracanes, se incrementó la actividad agrícola, que ya se hacía ver con más recogidas, lo que alegró a la población pero aún era insuficiente. El tomate y más vegetales reaparecieron, y las viandas anunciaban medidas para enfrentar una gran recogida de papas. A fines de mes el rojísimo tomate inundaba las placitas hogareñas y la cosecha papera al fin arrancaba.
El plátano, el gran victimado de los vientos, se hacía ver aunque requería tiempo. En el pasado febrero, con el mayor acopio de frutos, se comprendió que la Agricultura Cubana, con mayúscula, estaba cosechando en grande los frutos de su reacción aciclonada, valga decir, ante el daño de los huracanes. Se trabajó bien y rápido, como incansable ciclón de trabajo. El tomate, para asombro de algunos, se quedó sin envases de acopio y reclamó más, y rebosa ahora en industrias conserveras de toda Cuba, y las viandas y vegetales, en las tarimas de cada mercado, empezaban a saldar las penurias de cuatro meses atrás. |