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Margarita Torres Sánchez
Periodista de Radio Rebelde
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Cuando Fidel entró en La Habana
8 de Enero del 2010, 9:55 a.m.
La Habana, Cuba.- El 8 de enero de 1959, el comandante Fidel Castro Ruz entró triunfante en La Habana al frente de la caravana de barbudos que bajaron de la Sierra Maestra.
Cincuenta y un años se cumplen hoy de aquel 8 de enero de 1959, cuando La Habana buscó la complicidad de su gente para recibir a Fidel y sus barbudos vistiendo de rojo y negro, los entrañables colores de la bandera del Movimiento 26 de Julio.
Los mercados, restaurantes, cafés, tiendas, bancos, escuelas... todo amaneció cerrado. El pueblo se disponía a darle una calurosa bienvenida al Comandante del
Ejército Rebelde y su tropa.
Montados en jeep, camiones y tanques de guerra, los guerrilleros avanzaban lentamente hacia el centro de la ciudad. Todos querían al menos, rozar con las manos el uniforme del hombre que se había convertido en leyenda por hacer posible, cosas casi imposibles.
Al paso de la caravana, desde los balcones manos agradecidas les lanzaban flores.
Los barcos en puerto hacían sonar las sirenas, las campanas de las iglesias repicaban y los conductores apretaban las bocinas de sus autos, a la vez que se escuchaban las salvas de 21 cañonazos disparados por dos fragatas de la Marina de Guerra.
No había espacio vacío. Las aceras y calles colmadas de hombres y mujeres, de ancianos, jóvenes y niños. Los corazones enardecidos y el alma puesta en cada grito de ¡Fidel!, ¡Fidel!, ¡Viva Cuba libre!.
Era la entrada a La Habana del jefe invicto y su tropa, que bajaron desde las montanas de la Sierra Maestra con la libertad ganada a fuerza de heroísmo.
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El cubano que vivió a plenitud aquellas horas, no las ha olvidado a pesar del tiempo transcurrido. Quien rememora aquella jornada, era una de los cientos de adolescentes que tuvieron el privilegio de ir detrás de la caravana de los hombres de barbas, collares de piedras y estampillas religiosas.
Recuerdo nítidamente el momento mágico en que una paloma blanca se posó en el hombro de Fidel, mientras pronunciaba el histórico discurso en el campamento militar de Columbia, hoy Centro Escolar Ciudad Libertad.
Las miles de personas que allí se concentraban no se perdían una palabra, ni el más mínimo gesto del orador. Era un espectáculo único. Jamás una figura de tan alto rango había hablado al pueblo con tanta sabiduría y exactitud, con tanta honestidad.
No dudó Fidel, en asegurar que la alegría popular era muy grande, pero que nadie debía llamarse a engaño, pues a partir de ese momento quizás todo iba a ser más difícil. Como en efecto ocurrió hasta nuestros días.
Cincuenta y un años se cumplen este viernes, de aquel día que marcó el inicio de una vida nueva para Cuba. Y los habaneros que entonces aclamamos a Fidel, somos los mismos que hoy apoyamos el proyecto social vigente, iniciado en 1959. Los mismos que batimos palmas en la trinchera compartida con el líder histórico de la Revolución Cubana.
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