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Aroldo García
Corresponsal de Radio Rebelde
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Cuando decimos en Cuba solidaridad, se dice todo
20 de Enero del 2010 , 12:05 p.m
Holguín, Cuba.- Es en esta ciudad y en todos los lugares. Son mítines espontáneos en talleres, en cuadras vecinales, en escuelas y en hospitales. En estos días, en todos los sitios del país, el pueblo cubano enaltece sus valores, con la nobleza de sus actos. Son los sentimientos labrados a lo largo de tantos años, aún durante el enfrentamiento a difíciles situaciones. Esos sentimientos, y esos valores, son precisamente los que signan a los cubanos.
Día tras día, hemos seguido las secuelas del terremoto en Haití, y sus casi continuas réplicas. Cincuenta mil, cien mil, doscientos mil, las cifras son escalofriantes, y lo peor, nadie sabe a ciencia cierta a cuál de ellas se elevarán las de los fallecidos...un millón, dos millones, más, de heridos graves.
La infraestructura general de Puerto Príncipe no existe. Falta agua, faltan alimentos. La desesperación colma a la gente. Es la misma gente que ha logrado sobrevivir a la catástrofe, es la misma gente que ya no tiene familias, que ya no tiene absolutamente nada.
No es casualidad, y como en otras tantas ocasiones, solo pocas horas después de aquel atardecer terrible del martes 12 de enero, ya volaban hacia Haití los primeros aviones cubanos. Materialmente no tenemos quizás mucho. Eso no importa.
Solidaridad para los cubanos no es dar lo que sobra, es sencilla y muy claramente, compartir lo que tenemos. Hoy, en estos días, una vez más, se hace patente. Allí están, y nos sentimos orgullosos de verlos. Apenas descansan. Al llegar a tierra haitiana, ninguno de ellos pregunta o exige por comodidades o condiciones. Todos si que preguntan y exigen ir de inmediato para donde están las situaciones más complejas, la mayor cantidad de heridos, los dolores mayores. Casi todos, sin que mediara ninguna convocatoria o indicación, llevan consigo una bandera de la patria, aunque sea pequeña, en algún lugar de sus vestuarios humildes.
Todos con el nombre de la patria en el pecho, y más aún, en el corazón. Se les ve entre escombros peligrosos. Se les ve entre el desespero de los damnificados y los heridos. Y se les ve también, cerca, muy cerca, de las bayonetas, las fustas, y los fusiles, las botas y los cascos de quienes no fueron a Haití precisamente a mitigar el dolor y los golpes, sino a todo lo contrario.
Allí están los nuestros, allí estamos todos. Mientras, aquí, en nuestra Isla, nuestro pueblo humilde dona un poco de su sangre, prepara brigadas nuevas para el relevo o el complemento, prepara también constructores, albañiles, carpinteros, trabajadores sociales y maestros. Millones de cubanos tienen hace días, lista la mochila, y listos los principios.
El dolor de ese pueblo hermano es ahora nuestro propio dolor. Las duras imágenes que vemos todos los días de Haití, son también nuestras. El dolor es el mismo.
En estos días, y como tantas otras veces, como en tantas otras ocasiones, nos sentimos orgullosos de nuestros compatriotas, de nuestros combatientes en el frente noble de esa batalla por la vida. Nos sentimos orgullosos al decir, son cubanos. Es el mismo calificativo que con infinito agradecimiento pronuncian ahora en tierra haitiana los damnificados y los sobrevivientes. Es el mismo calificativo que muchos idiomas expresan los rescatistas de más de 50 países que allí también se encuentran.
Podrá haber muchos, hace falta que haya muchos, pero sin vanidades, ni autosuficiencias, en Haití seguirá, seguro que seguirá por mucho tiempo, tanto como sea necesario estar, ese calificativo en idiomas disímiles, creole, ingles, francés, ruso, o alemán, y que es para nosotros el mayor de los reconocimientos.
Cada vez que hoy en esa tierra cercana y mártir que es Haití, alguien necesita enaltecer la ejemplaridad, el altruismo, la solidaridad...dice solamente...ahí están los cubanos. |