
Generalmente, solemos comer la acelga hervida ya sea sola, o salteada con huevo, jamón u otros alimentos, sin embargo, existen otras muchas formas de consumirla que estamos seguros le satisfarán.
Hoy le propongo preparar un plato que aunque resulta un tanto más laborioso no lo defraudará: acelgas con salsa bechamel.
Antes de brindarle la receta dos sugerencias: adicione poca sal, pues esta tiende, como en el caso de las espinacas, a darle un fuerte sabor; y no cocine las hojas demasiado tiempo porque de este modo libera más ácido oxálico, nada recomendable para quienes padecen de cálculos renales.

En cuanto a los ingredientes necesita un kilogramo de acelga, una cebolla blanca, tres cucharadas de mantequilla, una cucharada de queso rallado, dos cucharadas de harina, una cucharada de maní pelado y tostado (puede prescindir de él si lo desea), media taza de leche desnatada, sal y pimienta blanca a gusto.
Lave las acelgas con agua fría. Cocine las hojas, sin las pencas, en abundante agua hirviendo con una pizca de sal durante cinco minutos, escúrralas, píquelas y resérvelas. De manera paralela pele la cebolla y córtela finamente.

Derrita dos cucharadas de mantequilla en la sartén y rehogue la cebolla hasta que adquiera un tono transparente; añada la harina, dele unas vueltas a la mezcla, incorpore la leche, la sal y la pimienta y cocínela durante unos diez minutos sin parar de mover.
Seguidamente, adicione las acelgas y el queso. Rehóguelos por dos minutos y póngalas en cazuelitas refractarias. Espolvoree si lo desea con maní y la mantequilla restante y gratine, suavemente.
Por último le recuerdo que la acelga, muy rica en provitamina A y sobre todo en ácido fólico, constituye una de las verduras con mayor contenido de folatos, los cuales intervienen en la producción de glóbulos rojos y blancos así como en la formación de anticuerpos del sistema inmunológico.
Por si fuese poco, presenta un alto contenido en magnesio, sodio, yodo, hierro y calcio. El potasio resulta el mineral más abundante; le recordamos que este resulta necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso además de para la actividad muscular normal.
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