
Abundante en nuestros mercados, la acelga es una verdura que no debe faltar en nuestra mesa ya sea sola, aliñada, como parte de tortillas o revoltillos con cebolla, jamón, jamonada, picadillo, tiras de pimiento… las posibilidades de preparación resultan diversas.
Para quienes desean mantener el peso o están haciendo dieta, la acelga es ideal si se consume simplemente hervida o salteada pues posee cantidades insignificantes de hidratos de carbono, proteínas y grasas, su mayor peso se debe a su elevado contenido en agua.
A su favor tiene, además, la existencia de vitamina A y C —, las hojas verdes más externas son las más vitaminadas—; sales minerales; fibra; potasio. Añadamos su significativo contenido de magnesio, sodio (responsable en parte de su marcado sabor), yodo, hierro y calcio.

Revoltillos de acelga con cebolla, jamón, jamonada, picadillo, tiras de pimiento
Cuando compre acelga seleccione las de hojas frescas, tiernas e intactas, de color verde uniforme y brillante, de pencas duras; aquellas con hojas muy grandes, ásperas, de color verde amarillento y con tallos fibrosos nos indican que la planta ya ha florecido o está a punto de hacerlo; una advertencia: sus pencas desarrollan un sabor muy amargo.
De igual manera deseche las de hojas blandas, marchitas o que presentan daños causados por insectos.
Debido a su corta vida, debemos consumirla a los dos o tres días desde su recolección; si la guarda en el refrigerador se conservará unos días más. Otra opción es escaldarla, previamente, durante dos o tres minutos en agua hirviendo, escurrir y guardar en el congelador.

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