
Me cuento entre quienes no conciben un buen guisado o ensalada sin ese toque especial que le brinda la cebolla, preferiblemente la blanca, e incluso me encanta comerla sola.
Para quienes gustan de salirse de los caminos trillados es nuestra propuesta: incorporar a su menú platos con un toque especialísimo gracias a la adición de cebolla caramelizada también llamada cebolla confitada, una guarnición muy fácil de preparar y que realza el sabor además de la textura de los platos.
Necesita para ello cebollas preferiblemente dulces. Lo primero es limpiarlas muy bien y cortarlas en lascas bien finas, tipo juliana. En un sartén antiadherente con tapa eche un poco de aceite de oliva o mantequilla, espolvoree con sal y coloque la cebolla para que se cocinen a fuego suave. De esa forma, el jugo de la cebolla sale poco a poco y tiene lugar la caramelización con la grasa del aceite o la mantequilla. Esa mezcla cubrirá la superficie de la cebolla y quedará adherida a ella, dándole un aspecto dorado brillante. Mas tenga mucho cuidado, si se le pasa la cocción la cebolla adquirirá un sabor amargo.
Cuando no desee utilizar esta cebolla al momento puede guardarla en un frasco de cristal cerrado herméticamente en el refrigerador.

Usted ahora quizás se pregunte en qué platos puede utilizar la cebolla caramelizada, pues en diversidad de recetas entre ellas en una tortilla de papas; con una ensalada de pimientos y berenjena asados; con bistés de cerdo o de pechuga de pollo a la plancha o con pescados asados acompañados de papas.
Si se atreve a preparar una pizza casera no lo dude: sorprenda a todos con la adición de un poco de cebolla caramelizada. Se lo aseguro.
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