
De las numerosas propiedades nutricionales del huevo se ha escrito una y otra vez, sin embargo, a veces por la premura de la vida diaria o tal vez por desconocimiento obviamos algunas normas imprescindibles respecto a su correcta manipulación y conservación.
Contrario a lo que piensan, erróneamente, muchas personas, no debemos lavarlos antes de almacenarlos.
No compre aquellos que tengan olor extraño o presenten moho en la cáscara; aquellos con fisuras o que aprecie poseen una cáscara más fina o débil debemos cocinarlos a más de 75 ºC.

Importantísimo: si al cascarlo observa alguna mancha de sangre puede retirarla con un cuchillo y utilizarlo, en el caso de apreciar nubes en la clara es síntoma de mayor frescura.
Una excelente forma de comprobar cuando un huevo está fresco es introducirlo en un vaso con agua. ¿Cae hacia el fondo? buen síntoma, se encuentra apto para usar. ¿Flota? elimínelo de inmediato.
Otras recomendaciones, para evitar contaminaciones: son sacarlos del refrigerador justo al momento de usarlos; nunca separar las claras de las yemas con la propia cáscara del huevo; evitar su contacto con otros alimentos, recuerde que la cáscara es porosa.


Web premiada con el Premio Internacional OX 2016