
No se cuenta entre mis alimentos preferidos pero me gusta la calabaza, como dice una antiquísima canción popular cubana.
Su origen se remonta a la época precolombina y existen referencias sobre el cultivo de algunas variedades en China, Egipto y el Oriente Medio. Hoy, constituye una de las hortalizas de mayor consumo en todo el orbe.
Su nombre científico es Cucurbitaspp, pertenece a la familia de las Curcubitáceas —al igual que el pepino, el melón y los calabacines—, es una planta trepadora o rastrera, anual, de frutos voluminosos con gran contenido de agua.

Constituye una gran fuente de betacarotenos, vitaminas del complejo B, C y E, así como minerales: potasio, calcio, fósforo, hierro, magnesio y cinc. De ella se emplean las hojas tiernas, las flores, por supuesto el fruto y también las semillas. Estas últimas se emplean con fines alimenticios pero también antiparasitarios.
Sopas, guisos, ensaladas, postres, jugos, batidos y helados se preparan con la deliciosa calabaza. Por lo pronto, le dejo con una receta deliciosa de la cual le recomiendo no abusar si no quiere perder la línea: una crema de calabaza. Prepárela y disfrútela.
Necesita un kilogramo de calabaza, un litro de leche, un cuarto de caldo de pollo, una cebolla blanca y cuatro cucharadas de crema de leche.
Pele y corte la calabaza en cuadritos. Quite las semillas. Cocine la calabaza en la leche y el caldo durante 25 minutos, agréguele la cebolla, así como tomillo, laurel, sal y pimienta a gusto. Cuando esté lista quítele, si lo desea, el tomillo y el laurel.
Tueste las semillas y con ellas decore el bol o plato donde servirá la crema.
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