
No siempre, por una lógica razón económica, podemos darnos el lujo de cambiar de traje de baño, cada temporada.
La sal, la arena, el cloro de las piscinas, los protectores solares y los lavados incorrectos constituyen, sin discusión alguna, los peores enemigos de nuestra trusa o bikini pues pueden decolorarlos, deformarlos y hasta mancharlos en breve tiempo de no tomar las medidas pertinentes.
Decía mi madre que lo barato sale caro, por eso, lo primero es comprar una trusa o bikini de buena calidad para que nos dure varias temporadas; de ser posible revisa bien la etiqueta interior o el prospecto para ver si el porciento de spandex –tejido elastizado- o lycra, es alto, ello constituye, hasta cierto punto, una garantía.
Si usas protector solar —algo muy importante— te recomendamos echártelo al menos media hora antes de ponerte la trusa; sucede que las sustancias químicas pueden decolorarla, y no pocas veces resulta casi imposible quitar las aceitosas manchas en la tela. De proceder como te decimos, la crema tendrá tiempo suficiente para penetrar en el cuerpo y secarse.
Tanto en la playa, la piscina o el río debemos sentarnos o acostarnos sobre una toalla para evitar la ruptura de las fibras de la ropa de baño en contacto directo con la arena, piedras o los bordes de la alberca.
Tan pronto salgamos del agua lo ideal es eliminar, con abundante agua dulce, la sal o el cloro; además, nunca debe guardarse mojado, pues la humedad propicia la aparición de hongos y también de olores desagradables.
Cuando esté en la casa o la cabaña del campismo, lávalo con agua fría a la que hayas adicionado un jabón líquido suave, y nada de echarlo en la lavadora, corres el riesgo de que de deforme, sobre todo las copas.
Luego del lavado pues no lo exprimas ni retuerzas para eliminar el exceso de agua, ¿qué hacer? Colócalo sobre una toalla que absorberá el exceso de líquido y ponlo a secar, a la sombra, sobre una superficie lisa para evitar que se deforme.
Todas estas operaciones pueden parecerte aburridas o pesadas, pero estamos convencidos que tan pronto las pongas en práctica te acostumbrarás, y lo más importante: tu bañador te lo agradecerá.
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