
Ideal, y prácticamente insustituible para preparar unas buenas croquetas, así como para acompañar el pescado y el pollo, gratinar verduras y acompañar unos huevos fritos a los que dará un toque diferente y muy apetitoso, resulta la salsa bechamel.
Se trata de la conocida como reina de las elaboraciones saladas con leche. Sus ingredientes son, por supuesto, la leche y una papilla hecha con harina y mantequilla; las proporciones de estos dos últimos son siempre iguales entre sí, lo que varía es de acuerdo con la cantidad de leche según el tipo de salsa que se quiera preparar.
Cuando deseamos una bechamel salsa debemos emplear 40 g de mantequilla y 40 g de harina por cada litro de leche; si queremos una bechamel crema pues 60 g de mantequilla y 60 g de harina por cada litro de leche y si es para fritos, la proporción es de 90 g de mantequilla y 90 g de harina por cada litro de leche.
De quererla para preparar unas croquetas pues 110 g de mantequilla y 110 g de harina por litro de leche. Unos elementos que de tener siempre presentes cuando cocine bechamel para la masa es dejarla espesar, de este modo evitará que se deshagan al freírlas.
Según los expertos el secreto estriba en mantenerla al fuego un poco más tiempo que las demás bechameles. Mientras la deje enfriar, cúbrala con papel celofán transparente de cocina para evitar que se forme una capa dura, esto contribuirá a que las croquetas queden más jugosas.
Recuerde que este tipo de salsa podemos conservarla algunos días en el refrigerador pero siempre bien cubierta, o en el congelador hasta 3 meses.
¿Qué se le forman grumos al confeccionarla? La solución está en rehogar primero la mantequilla con la harina hasta conseguir que se desprenda de las paredes del recipiente, seguidamente añada de golpe la leche hirviendo y remueva de manera constante con una cuchara de madera hasta que la mezcla quede espesa y bien homogénea.
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