
Las pastas resultan muy fáciles y rápidas de preparar, además de sus valores nutritivos.
Una buena parte de las amas de casa y trabajadoras que nos enfrascamos a diario en los necesarios trajines culinarios, preferimos los espaguetis, coditos, caracoles…
Para que nuestras recetas queden con un toque especial les brindamos en esta oportunidad varias sugerencias. Analícelas y llévelas a la práctica, estamos convencidos de que nos darán la razón.
Lo ideal cuando cocinamos pasta es cocerla o cocinarla en diez o más veces su peso en agua, en todos los casos incorpórela a la olla cuando el agua ya haya comenzado a hervir.
En cuanto al agua, la ideal es aquella ligeramente ácida con un pH en torno a 6, añada para ello una cucharadita de jugo de limón, qué se logra con esto, conservar la superficie de la pasta en perfecto estado incluso si nos pasamos de tiempo de cocción. Asimismo, conviene añadir sal a la cazuela porque limita la gelificación y evita que la pasta se vuelva pegajosa.
Aunque no pocos libros y revistas señalan que debe incorporarse aceite al agua, eso no sirve de mucho, por lo contrario, sí resulta aconsejable -para obtener una pasta suelta- agregar algo de aceite o de mantequilla tras escurrir la pasta, de esa forma evitamos que el almidón superficial se seque una vez cocido.
Según estudios del investigador francés Jacques Lefebvre, el almidón suelta menos amilosa en el agua de cocción cuando esta contiene proteínas, por eso resulta ideal cocer la pasta en un caldo de carne o de pescado, que a la vez reforzará el sabor de nuestra receta.
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