Encuentro con la escritora Dora Alonso

Encuentro con la escritora Dora Alonso

Cuando se habla de literatura cubana con raíces profundas en la tierra, el campo y el alma del pueblo, el nombre de Dora Alonso resuena con la fuerza de un tambor en un batey.

Nacida en Matanzas en 1910 y fallecida en La Habana en 2001, esta escritora no solo fue una de las plumas más lúcidas de su generación, sino también una de las más comprometidas con los de abajo: campesinos, niños, mujeres olvidadas por los reflectores… ella los puso en el centro de sus páginas.

A ella dedicamos este episodio del podcast Encuentro:

Sol de Batey: una novela de identidad

Su novela “Sol de Batey” (1963) es, sin duda, una de esas obras que uno no solo lee, sino que siente. Ambientada en los cañaverales cubanos, narra con crudeza y ternura la lucha de los trabajadores azucareros antes y después del triunfo de la Revolución.

Dora Alonso construye personajes reales, con contradicciones, dolores y esperanzas. El “batey” —ese espacio comunitario alrededor del central azucarero— se vuelve metáfora de la nación en transformación. Y el “sol” del título no solo quema la piel, también ilumina las injusticias y los sueños de justicia social. Es literatura comprometida, sí, pero sobre todo literatura humana.

Esta novela ocupa un lugar especial en su obra. Publicada en un contexto donde la literatura cubana buscaba reafirmar sus raíces, esta obra se adentra en la vida rural y en las dinámicas sociales de los bateyes azucareros.

Más allá de la trama, lo que destaca es la manera en que Alonso logra retratar la cotidianidad del campo cubano con autenticidad y lirismo, mostrando tanto las tensiones como la riqueza cultural de ese universo. Es un texto que, sin caer en idealizaciones, ofrece una mirada crítica y a la vez entrañable de la realidad nacional.

La reina de la literatura infantil cubana

Si algo consolidó a Dora Alonso como referente fue su aporte a la literatura infantil. Se le reconoce como la autora cubana para niños más traducida y publicada en el extranjero, con títulos que han acompañado a generaciones en Cuba y fuera de ella.

Su narrativa para niños no se limitó a entretener: buscó transmitir valores humanos, sensibilidad hacia la naturaleza y un profundo respeto por la imaginación infantil. Obras como “El cochero azul” o “El valle de la pájara pinta” son ejemplos de cómo supo crear mundos mágicos sin perder la conexión con la realidad cubana.

Con una prosa clara, lúdica y profundamente ética, supo hablarles a los niños sin condescendencia. Obras como “Pelusín del Monte”, “El Cochero azul” y “El Valle de la Pájara Pinta” no solo entretienen: enseñan, cuestionan y, sobre todo, forman ciudadanos.

No es casual que haya sido galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1986 y que, hasta hoy, sea considerada una de las fundadoras del género infantil en Cuba. Ella creía —y lo demostró— que escribir para niños es una responsabilidad tan seria como escribir para adultos.

Un legado vivo

El aporte de Dora Alonso no se mide solo en premios —como el Premio Nacional de Literatura de Cuba en 1988— sino en la permanencia de su obra en la memoria colectiva. Su literatura infantil sigue siendo material de lectura en escuelas, y Sol de Batey y Tierra Brava continúan siendo referencias para quienes estudian la narrativa cubana del siglo XX. En definitiva, Alonso logró lo que pocos: ser popular sin perder profundidad, y ser crítica sin perder ternura.

En una época en la que lo rural parecía destinado al olvido, Dora Alonso levantó su pluma como una bandera. Supo cantarle a Cuba desde el surco y desde la hamaca, desde el aula y desde el trapiche.

Hablar de Dora Alonso es hablar de una escritora que supo combinar oficio periodístico, sensibilidad poética y compromiso social.

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