Por: Alejandro Cosme Quiñones
En medio de las recientes amenazas lanzadas por el gobierno de Estados Unidos hacia Cuba, el pueblo cubano vuelve a demostrar al mundo su temple inquebrantable. No es la primera vez que la isla enfrenta presiones externas, chantajes políticos o intentos de doblegar su soberanía. Pero si algo ha quedado claro a lo largo de más de seis décadas de resistencia, es que Cuba no se arrodilla ante nadie. La respuesta del pueblo ha sido clara y contundente siempre: Cuba está firme, con la frente en alto y el corazón encendido por la dignidad.
Estas amenazas no hacen más que reforzar la unidad de un pueblo que ha aprendido a resistir con creatividad, con solidaridad y con una profunda conciencia de su historia. A Cuba no se le intimida, se le respeta. Porque esta nación, pequeña en tamaño, pero inmensa en coraje, ha sabido defender su independencia con una fuerza que trasciende generaciones. Hoy, como ayer, los cubanos reafirman su compromiso con la patria, no desde el miedo, sino desde la convicción de que la justicia y la verdad están de su lado.
Las amenazas externas no hacen más que avivar el fuego de una nación que ha hecho de la resistencia una forma de vida.
Desde todos los rincones del mundo, la solidaridad con Cuba crece. Porque quienes conocen nuestra historia saben que este pueblo ha dado lecciones de humanidad, de generosidad y de firmeza. Hoy más que nunca, es momento de alzar la voz y decir con fuerza: con Cuba no se juega.
A Cuba se le respeta, porque cuando un pueblo decide ser libre, no hay imperio que pueda detenerlo.
