Unión de Periodistas de Cuba (UPEC)

Desenterrar mentiras no los librará del juicio de la Historia

Fiel a su dificultad para articular reales palabras de paz, el imperialismo acaba de adentrarse en un terreno que difícilmente conduzca al entendimiento con la nación cubana: la amenaza directa a uno de sus símbolos. Como pasaba con Fidel, Raúl no es (solo) Raúl; es, hoy, el rostro palpable de la Revolución, de modo que apuntar contra él es, ni más ni menos, tirar al pecho del pueblo.

Hermano de su hermano, amigo del Sur Global, tejedor de articulaciones de bienestar y paz, compatriota de todos los suyos, pocas veces un individuo se metió tan adentro en las entrañas de los cubanos, así que en apenas dos días, a Tribuna repleta y en redes físicas y virtuales los cubanos le dijeron a Sam que por ahí no nos entendemos.

Muy quebradas han de andar las aspiraciones electorales republicanas, muy tajado el orgullo del sistema tras los golpes en Irán, muy abochornada la autoestima del establishment luego de las lecciones chinas, muy turbios los procesos judiciales de alto perfil -cada vez más traspapelados-, muy menguada la popularidad aún entre los suyos y muy grande la necesidad de reconciliarse con el voto extremista de La Florida… para que la Casa Blanca busque en Cuba el oxígeno que sus actos, y solo sus actos, le restan de cara al futuro.

Exhumando mentiras contra Cuba el imperialismo no se librará del juicio de la Historia. Él es el mayor culpable por juzgar, el fugitivo más famoso del mundo, que sigue matando incluso en su huida.

Sobre el derribo soberano de dos avionetas terroristas todo está documentado, en nuestros archivos y en los de ellos, aunque es proverbial la capacidad que para ocultar, manipular y tachar de negro los párrafos más sensibles tiene la Justicia estadounidense.

Si es tan Blanca como presume, la Casa que cobija al imperio ha de conservar la memoria de todas las alertas de Cuba y aun de agencias estadounidenses sobre aquellas acciones de descarada agresión. ¡Sean honestos de una buena vez!

Los periodistas cubanos, que le hemos tenido simultáneamente como fuente de noticias y fuente de inspiración y que en muchos casos conocemos de cerca al General de Ejército y al hombre llano, hacemos saber que en torno a las amenazas contra Raúl Castro somos objetivos, pero no imparciales. ¡Su suerte es la nuestra!

El imperialismo tiene que saberlo: no se puede separar a Raúl de Cuba ni de los cubanos. Para llevárselo, tendrían que buscar un helicóptero de once millones de asientos con que no cuenta el Pentágono y alistar un portaaviones que arrastre, chorreando caracoles aborígenes y yerbas africanas de mágico poder, 110 000 kilómetros cuadrados de islas y cayos insurrectos. Aun haciéndolo, verían al cabo que los cubanos terminaríamos acusándolos, no defendiéndonos.

A los periodistas revolucionarios no nos sirve ahora otro género que no sea el editorial. Raúl Castro, que vivió como un reo el juicio del Moncada, no tendría a estas alturas, libre como es, que ser absuelto por la Historia. Viva en millones de compatriotas, la Historia de Cuba hará más por él: sabrá defenderlo a tiempo.

Unión de Periodistas de Cuba (UPEC)

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