Samuel Feijóo: el hombre múltiple de la cultura cubana

Hablar de Samuel Feijóo es entrar en un universo donde la palabra, la imagen y la imaginación popular se entrelazan con naturalidad. Nacido en San Juan de los Yeras en 1914, este creador autodidacta se convirtió en uno de los intelectuales más singulares del siglo XX cubano. No fue un académico de biblioteca, sino un observador incansable de la vida campesina, de los mitos y de las voces que circulaban en los campos de Las Villas. Esa raíz popular lo acompañó siempre y dio a su obra un sello único: auténtico, diverso y profundamente cubano. 

Feijóo fue poeta, y en esa faceta dejó títulos como Camarada Celeste o Aventuras con los aguinaldos, donde se percibe su lirismo marcado por símbolos rurales y un lenguaje que mezcla lo culto con lo cotidiano. Pero también fue narrador, y ahí alcanzó una dimensión mayor con Juan Quinquín en Pueblo Mocho, novela que convirtió al campesino en protagonista de su propia epopeya, con humor y ternura. Ese personaje, llevado luego al cine, es hoy parte del imaginario cultural de Cuba. 

No se conformó con la literatura. Su curiosidad lo llevó al dibujo y la pintura, donde plasmó animales fantásticos, escenas rurales y figuras simbólicas. Sus exposiciones en Cuba y en el extranjero mostraron que su trazo era tan libre como su palabra. En cada cuadro, Feijóo buscaba rescatar lo popular y devolverlo transformado en arte. 

Pero si algo lo distingue es su papel como promotor cultural. Fundó la revista Signos en 1969, un espacio que se convirtió en laboratorio de pensamiento sobre la identidad cubana. Allí defendió la idea de que el arte popular no es ingenuo ni marginal, sino una forma legítima de conocimiento. Su impulso permitió que artistas campesinos y creadores populares tuvieran visibilidad y reconocimiento. 

Como ensayista, dejó estudios pioneros sobre mitología y cultura afrocubana y americana. Obras como El negro en la literatura folklórica cubana o Mitología cubana son referencia obligada para quienes buscan comprender la espiritualidad y los símbolos que conforman la identidad del continente. Feijóo entendía que la cultura es un tejido de voces y creencias, y que preservarlas era una forma de resistencia frente a la homogeneización moderna. 

Su vida fue también un ejemplo de autenticidad. No buscó fama ni academias, sino el diálogo con la raíz. En cada poema, dibujo o ensayo, se percibe la voz de un hombre que creó desde el asombro y la curiosidad, convencido de que la cultura cubana debía ser narrada desde sus propias entrañas. 

Recibió reconocimientos como la Medalla Nacional de Cultura y la Medalla Alejo Carpentier, pero su verdadero premio está en la memoria colectiva. Murió en La Habana en 1992, dejando una obra inmensa y diversa que aún hoy se estudia y se celebra. 

Samuel Feijóo fue, como lo definió La Jiribilla, “el personaje más versátil de la cultura cubana del siglo XX”. Su legado es un mapa para entendernos: un canto a la tierra, al mito y al hombre común convertido en creador. Su obra nos recuerda que la cultura no es solo erudición, sino también imaginación, trabajo y espíritu popular. 

En definitiva, Feijóo fue un artesano de la palabra y la imagen, un hombre múltiple que supo transformar lo cotidiano en arte y lo popular en patrimonio. Su vida y obra siguen siendo una invitación a mirar la cultura cubana con ojos curiosos, abiertos y profundamente humanos. 

El podcast Encuentro dedica este episodio a Samuel Feijóo

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