No es diferente a otros este Primero de Septiembre, aunque quizás algunos dudaron que podría ser posible: el nuevo período lectivo en Cuba, ya está en marcha, una victoria no solo por los enormes retos que ha enfrentado el país ante las duras condiciones que imponen las medidas de recrudecimiento del bloqueo y el cerco energético, sino porque además detrás de ese esfuerzo tremendo hay mujeres y hombres, que han hecho posible la apertura de cientos de escuelas, un derecho legítimo ganado y una conquista a la que no renunciaremos jamás.
En condiciones diferentes, excepcionales, se descorren las imaginarias cortinas que harán que, durante varios meses, el esfuerzo de maestros, estudiantes, familias y la comunidad se multiplique como nunca antes, en el espacio de una pequeña aula, con más o menos recursos materiales, con más o menos libros o materiales de estudio, pero con lo más importante: el deseo de trasmitir el conocimiento, garantía del presente y el futuro, y sabemos que gracias a esa cultura del saber ganada y mantenida, también es posible enfrentar cualquier tipo de campaña enemiga dirigida a confundir, porque de José Martí aprendimos que ser cultos es la única manera de ser libres.
El curso escolar deberá ser un traje a la medida. Cada localidad, centro escolar, territorio o provincia tendrá que aplicar las alternativas necesarias para cumplir con los objetivos docentes propuestos, e incluso evaluar sistemáticamente sus impactos o qué necesitarán cambiar por el camino para construir, entre todos, la senda del éxito.
Los meses venideros requerirán de innovación, no solo organizacional, sino también en la manera en que el conocimiento será trasmitido a cada alumno, individualizado, excepcionalmente diferente, apelando a métodos educativos híbridos para poder cumplir con los objetivos planteados.

Más de un millón 500 mil estudiantes, cifra extraoficial revelada por el Ministerio de Educación, ingresan a nuestras aulas en los diferentes niveles de la enseñanza general. Es toda una proeza, porque no son solo números, sino un esfuerzo que va desde la preparación de los centros educacionales, hasta la garantía de un claustro de profesores apto para afrontar sobre el terreno lo que venga.
Pero no solo hablamos de la escuela, como centro cultural más importante del barrio. Igualmente incluimos a las familias – el eslabón principal de la cadena-, porque es punto de partida, sumando a la comunidad que deberá insertarse con todo el apoyo posible en las actividades extracurriculares que sean necesarias para completar la preparación académica.
Será un curso excepcional, claro que sí. Porque se hará en condiciones muy adversas, desde los efectos de los cortes de electricidad hasta de problemas de iluminación en un aula, el cansancio lógico derivado de una mala noche. Ante eso, la creatividad resulta importante, conectada a las formas de concebir una clase, los grados de participación que se alcancen, las motivaciones que se logren, como se estimula al estudiante y el acompañamiento de cada eslabón del proceso docente educativo.

Existen reservas entre nuestros profesores. Y aunque los claustros no todos estarán completos, en cada centro en particular, se recabará activar las estrategias imprescindibles para no dejar de cubrir turnos de clases o recuperar otros, si fuera necesario.
Sin maestros no hay curso escolar. Por eso, desde el mismo comienzo del curso escolar, hay que reconocer a quienes desde este primer día de clases estarán al frente de las aulas, con un esfuerzo también multiplicado, anteponiendo la vocación y el amor a la profesión, para que nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes, sientan también el orgullo de que, aun en la complejidad que vive el país, ellos siguen siendo muy importantes, y garantía del mañana,

