Celia Sánchez: memoria viva a 46 años de su partida física

Por: Argentina Alcantara Rodríguez

A 46 años de su partida física, el 11 de enero de 1980, el nombre de Celia Sánchez Manduley perdura en el corazón de Cuba como «la flor más autóctona de la Revolución». Su legado y entrega se mantienen vigentes en la memoria popular y, de manera muy especial, en el testimonio de Adelaida Bécquer, quien, desde la Oficina de Asuntos Históricos de Cuba, evoca la esencia humana y la incansable labor de una de las mujeres más consagradas al proceso de liberación nacional.

Sobre su faceta como combatiente Bécquer enfatiza:

Celia no se convierte en revolucionaria para ayudar a los guerrilleros, sino que ya es una revolucionaria y una combatiente contra Batista. Había hecho toda una serie de actividades en contra del tirano y, por ello, era una revolucionaria reconocida en la antigua provincia de Oriente.

Fue una figura clave de la lucha clandestina en el oriente cubano, donde articuló complejas redes de apoyo para el Ejército Rebelde, garantizando el suministro de armas, medicinas, víveres y comunicaciones. Su labor estuvo presente en el apoyo al desembarco del yate Granma, así como en la batalla de El Uvero. Además, impulsó la creación del pelotón femenino «Las Marianas», hito que formalizó la participación directa de la mujer en la lucha armada del Ejército Rebelde.

Más allá de su temple guerrillero, sobresalía en ella una profunda sensibilidad humana que marcó a quienes la rodearon. Adelaida, quien era apenas una niña de tres años cuando Celia tenía diecisiete, conserva aún la frescura de aquellos recuerdos en el pueblo de Pilón, Granma, que definen la personalidad de la heroína:

Celia era una gente muy alegre, muy divertida. No había cine, no había televisión en ese entonces, y ella siempre estaba inventando llevarnos a la playa, ir a pescar, o sea, siempre inventando para hacernos la vida más llevadera.

Durante la gesta en la Sierra Maestra, Celia se convirtió en una de las combatientes de absoluta confianza del comandante Fidel Castro.

Fidel era el cerebro, el espíritu de la Revolución, y Celia era su corazón. Para Celia, no había nada más grande que Fidel y la Revolución.

Prestó especial atención en la protección de la memoria histórica del proceso revolucionario. Por su iniciativa, el 4 de mayo de 1964, se creó la Oficina de Asuntos Históricos de Cuba con el fin de preservar el patrimonio documental de la lucha:

Cada papelito que se hizo en la Sierra Maestra o fuera de esta ella los recogió. Hay cartas pidiéndole a los comandantes que le guarden esos papeles, y ella lo fue recopilando.  Concibió que tenía que tener un lugar donde guardar todo aquello tan valioso para la historia de la Revolución.

Tras el triunfo revolucionario cubano, desempeñó responsabilidades como secretaria del Consejo de Estado y diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular, dejando su impronta en diversos programas sociales y obras de desarrollo para el país. Su entrega incondicional y esa calidez humana que la caracterizó la han convertido en un símbolo imperecedero de compromiso y sensibilidad para todo el pueblo cubano.

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