LA HABANA, CUBA.- Entre el dos de diciembre de 1956 y finales de 1958 Ernesto Che Guevara fue un activo protagonista en la guerra librada en Cuba contra la dictadura militar existente en nuestro país en esos momentos.
Pero él no sólo participó activamente en múltiples batallas y combates en la lucha de liberación nacional sino que después del triunfo de la Revolución en una serie de trabajos hizo valoraciones muy certeras sobre el desarrollo de los enfrentamientos con las fuerzas de la tiranía.
El Che hizo referencia en estos trabajos publicados inicialmente en la revista “Verde Olivo” y después recogidos en el libro titulado “Pasajes de la Guerra Revolucionaria”, a los preparativos realizados en México por el grupo de revolucionarios cubanos encabezados por Fidel Castro, la expedición del yate “Granma”, el desembarco de los expedicionarios por la zona oriental de Cuba, así como las posteriores acciones realizadas tanto en la provincia de Oriente como en la parte central del territorio cubano.
Acerca de su encuentro con Cuba, el dos de diciembre de 1956, cuando se produjo el desembarco de los expedicionarios por la zona de la Playa Las Coloradas, en la parte suroriental de Cuba, el Che señalaría: “Apenas bajamos, con toda premura y llevando lo imprescindible, nos introducíamos en la ciénaga, cuando fuimos atacados por la aviación enemiga.
Naturalmente, caminando por los pantanos cubiertos de manglares, no éramos vistos ni hostilizados por la aviación, pero ya el ejército de la dictadura andaba sobre nuestros pasos.
A los tres días de hallarse en Cuba, el Che recibió de modo directo su bautismo de fuego en la zona conocida como Alegría de Pío, en las cercanías del poblado de Niquero en la provincia de Oriente.
Los combatientes rebeldes habían llegado a ese lugar muy extenuados. Decidieron descansar en un pequeño cañaveral cuando de pronto fueron sorprendidos por fuerzas de la dictadura batistiana.
Lo que ocurrió en ese instante también sería posteriormente reflejado por el Che cuando al escribir acerca de sus vivencias de la guerra revolucionaria, señaló al resumir lo que hizo ese día 5 de diciembre de 1956, en Alegría de Pío, ante el sorpresivo ataque de los soldados de la dictadura batistiana: “Quizás ésa fue la primera vez que tuve planteado prácticamente ante mí el dilema de mi dedicación a la medicina o a mi deber de soldado revolucionario. Tenía delante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos eran mucho peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la mochila para cruzar el claro que me separaba de las cañas.”
El Che logró salir de la zona de Alegría de Pío y en unión de un pequeño grupo de expedicionarios encabezados por Juan Almeida pudo igualmente eludir la persecución de los soldados de la tiranía y dos semanas después se reunieron con Fidel Castro para proseguir la lucha revolucionaria aún en medio de condiciones extremadamente difíciles.
Y ya el 17 de enero de 1957 participó en el primer combate victorioso librado por los integrantes del todavía incipiente Ejército Rebelde.
Acerca de los resultados de dicho combate el Che señaló lo siguiente: “El ataque a un pequeño cuartel que existía en la desembocadura del río de La Plata, en la Sierra Maestra, constituyó nuestra primera victoria y tuvo cierta resonancia, más lejana que la abrupta región donde se realizó. Fue un llamado de atención a todos, la demostración de que el Ejército Rebelde existía y estaba dispuesto a luchar y, para nosotros, la reafirmación de nuestras posibilidades de triunfo final.”
En los meses siguientes el Che igualmente contribuyó a propiciar la adecuada organización y preparación de la fuerza revolucionaria que creció con la incorporación de campesinos y con la llegada de un grupo de hombres enviados como refuerzo por la Dirección del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Oriente.
Y en los relatos que posteriormente publicara, él también fue detallando cómo se fue desarrollando la lucha revolucionaria que no culminó hasta lograr la destrucción de la dictadura militar reaccionaria y el triunfo de la Revolución en enero de 1959.
Acerca de la labor del Che como cronista de la lucha revolucionaria, Fidel señaló en la velada solemne efectuado el 18 de octubre de 1967, en la Plaza de la Revolución “José Martí”, en La Habana: “Y por eso les ha legado a las generaciones futuras no solo su experiencia, sus conocimientos como soldado destacado, sino que a la vez las obras de su inteligencia. Escribía con la virtuosidad de un clásico de la lengua.
Sus narraciones de la guerra son insuperables. La profundidad de su pensamiento es impresionante. Nunca escribió sobre nada absolutamente que no lo hiciese con extraordinaria seriedad, con extraordinaria profundidad; y algunos de sus escritos no dudamos de que pasarán a la posteridad como documentos clásicos del pensamiento revolucionario.
Y así, como fruto de esa inteligencia vigorosa y profunda, nos dejó infinidad de recuerdos, infinidad de relatos que, sin su trabajo, sin su esfuerzo, habrían podido tal vez olvidarse para siempre.”