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Sábado, 25 de Junio de 2022

Guido Salles, un hombre que sueña

2022-05-29 09:59:39 / RRebelde


Guido Salles, un hombre que sueñaFotos: Cortesía del entrevistado

 “¡Qué hombres esos que han vivido ochenta años!

Aun cuando hablen con voz trémula y anden con

 paso tardío, se les ve como a titanes (…) Es

 glorioso, y da anhelos de gloria, un anciano

 que ha vivido bravamente. Esos son

monumentos que andan (…)”

José Martí

La lucha en la Sierra Maestra tiene ya más de seis décadas. Fue una época diíficil para Cuba que vivía bajo el régimen dictatorial de Fulgencio Batista; aunque fue también una etapa gloriosa donde miles de jóvenes, rebeldes y martianos, decidieron luchar hasta las últimas consecuencias por la Revolución cubana.

Colaboraron de múltiples formas y desde diversas trincheras. Se convirtieron en los héroes anónimos de nuestro pasado, muchas veces ocultos tras los rostros de los más excelsos líderes. Uno de ellos protagoniza esta entrevista.

Guido Salles Bolúa, hoy un hombre de ochenta y tres años, siempre sonriente y bromista, es uno de esos jóvenes que a inicios de 1958 decidió abandonar su hogar por un bien mejor.

Comenzaría a formar parte del Ejército Rebelde en Guantánamo, la provincia donde nació el 10 de septiembre de 1938. “Yo tenía 19 años y el deseo de cambiar la realidad de mi país”. Esas fueron las primeras palabras de mi abuelo cuando le pedí que me hablara sobre su papel en la guerra revolucionaria.

Me contó anécdotas que, hasta entonces, desconocía. Y así, en el ambiente familiar de siempre comenzó nuestra conversación, una de las más extensas e interesantes que hemos tenido.

- ¿Cómo te conviertes en revolucionario?

No creo haberme convertido en revolucionario, yo nací revolucionario, en un hogar de revolucionarios. Desde niño, mi familia -pobre y prácticamente analfabeta- me enseñó quién era José Martí. ¿Cómo leer al Apóstol y no ser revolucionario?

Con Martí en la mente y en el corazón, empecé a darme cuenta de que mi país necesitaba un cambio, un cambio para beneficio de la gente, de los humildes, de las mayorías.

Bastaba vivir las consecuencias de la corrupción imperante para sentir el mayor desprecio por todos esos gobiernos lacayos que solo oprimían y hostigaban a nuestro pueblo.

Yo desde adolescente escuchaba por la radio el programa de Eduardo Chibás, La Voz de las Antillas, que se transmitía a las 8:00pm por CMQ. Chibás ganó muchísimos adeptos en el país, entre ellos, yo. 

Y así fue creciendo también en mí la simpatía por Fidel Castro, ese joven abogado con un talento indiscutible, con un poder de convocatoria y de convencimiento inigualable.

Ya tras el golpe de Estado de 1952, aunque tenía solo 13 años, yo sabía lo que sería de mí. ¡Revolución no, Zarpazo! Eso fue, como dijo Fidel, lo que ocurrió aquel día. Y lo sabíamos todos, pero en quienes ya se forjaba un sentimiento de rebeldía y repudio no cabía la posibilidad de permanecer con los brazos cruzados. Por eso me hice rebelde, porque era el deber de un revolucionario.

-  ¿Qué fue del joven guantanamero antes de llegar al Ejército Rebelde?

Empecé a ayudar de la forma que podía, porque todavía era un muchachito.

Mis primeras experiencias fueron duras. Siempre están ahí, presentes en mis recuerdos.

- ¿Alguna particularmente especial?

Sí, por supuesto, hay cosas que aun con el paso del tiempo, no se olvidan. Fue a principios de 1958. En ese entonces se habían producido varios alzamientos contra la dictadura en Bayate, Guantánamo, donde nací y residía.

Allí radicaba un pequeño cuartel, que por lo general, estaba habitado por dos soldados de la guardia rural. Los acompañaba un delator que trabajaba de cocinero y cuidaba los caballos.

Desde los 19 años, Guido formaba parte del Ejército Rebelde, en Guantánamo (Foto: Cortesía del entrevistado).Grupos rebeldes ajusticiaron al delator en la zona de Saltadero. Y días después, exactamente un 26 de marzo, mientras estaba en la barbería del pueblo, llegaron en un jeep dos guardias de Cunueira, y me tomaron prisionero junto a Omar Díaz y Rafael Codornío, mi primo y mi amigo, respectivamente.

- ¿Por qué los cogen prisioneros?

Por la presunta implicación en el ajusticiamiento del delator. Claro, los guardias imaginaban que teníamos una filiación revolucionaria, de hecho, sospechaban de casi todos los jóvenes de la zona. Nosotros nos identificábamos con la Ortodoxia, todo lo que olía a Batista nos resultaba despreciable.

- ¿Y qué pasó con ustedes?

Nos trasladaron a Cunueira, y de aquí a Guantánamo. A mí me llevaron a Soledad.

El último día de mi estancia allí se hizo insoportable. Los guardias cogieron de un patio trasero 47 aves de corral y las pusieron en la minúscula celda donde me tenían encerrado. Amanecí en vela, picado y lleno de heces.

Cuando me recogieron, tuve que entrar en el carro con aquella suciedad, maloliente por lo que me habían hecho. Estaba padeciendo en carne propia las atrocidades que cometía la policía de Batista. Ya ves, estas son de las cosas que no se olvidan.

- ¿Y cuándo te incorporas al II Frente Oriental “Frank País García”?

El 11 de marzo de 1958 Raúl Castro, procedente de la Sierra Maestra, llegó a la zona de Mayarí, Santiago de Cuba, y fundó el II Frente. Se formaron también columnas y compañías, destinadas a distintos lugares de esa geografía.

Yo me incorporé a la Columna 6 “Juan Manuel Ameijeiras”, tras mi salida de prisión. La Columna se ubicaba en Bayate, donde radicaba la Comandancia, y al frente de ella estaba Efigenio Ameijeiras.

En Bayate pasé a formar parte de la policía rebelde para cuidar el orden en la zona. Allí supe que ya Héctor Gómez Frontera, jefe del cuartel de Soledad, lugar donde me tuvieron preso, había sido ajusticiado por el grupo de Feliberto Torres en un recorrido que realizaba por la zona tomada por los rebeldes.

- ¿Qué anécdota en particular recuerdas de esa etapa de lucha?

Anécdotas hay muchas, pero siempre recuerdo con más detalle aquel día en que mi vida corrió, por primera vez, inminente peligro.

Cuando los guardias de Cunueira, con el claro propósito de penetrar en las zonas ocupadas por los rebeldes, intentaron romper el cerco de Marcos Sánchez y desarticular nuestra presencia en este sitio, se llevó a cabo un combate que se prolongó por más de dos días.  

En un lugar conocido como La Guanábana, a unos tres kilómetros de Marcos Sánchez, estaba ubicado un power bagón de dos transmisiones con algunas reservas de municiones, incluidas minas y M-26.

Estábamos Julio Casas, Rafael Codornío y yo, con el carro a la espera de la llegada de algún mensaje para proveer de lo necesario a los grupos que combatían. Era una especie de punto de avanzada entre la Comandancia de la Columna y el frente de combate. 

Me encomendaron un mensaje de la Comandancia para un grupo de avanzada que se encontraba en la Loma de Mateo, entre La Guanábana y Marcos Sánchez. Me movía a caballo, y de regreso, en el alto de la Loma de La Lima, me sorprende un avión de combate Sea Fury.

Salté del caballo y corrí a ocultarme en un cañaveral cercano, aunque la ametralladora calibre 50 del avión había comenzado a disparar. Por suerte logré evadir los tiros. El animal y yo estábamos a salvo.

Pero, uno no vuelve a ser el mismo cuando ve la muerte tan de cerca, algo cambia, te vuelves más precavido. Creo que ese día me convencí del todo de que me encontraba en medio de una guerra y en cualquier momento podía morir. Estaba consciente, también dispuesto.

«Las fuerzas de la dictadura perseguían constantemente las transmisiones de Radio Rebelde. A veces nos interferían con una potente planta, y cuando nosotros nos identificábamos: “¡8IB, 8IB!”, nos contestaban: “¡Te chivé, te chivé!”».

- Siempre hablas con orgullo de tu experiencia en la radio. ¿Cómo llegas a Radio Rebelde? ¿Por qué es tan especial para ti?

Radio Rebelde para mí fue la misión más importante. Trabajar para la emisora era trabajar para Cuba, para que se conociera aquí y afuera lo que estaba logrando el Ejército Rebelde.

Yo empecé en Rebelde en agosto del 58. En esa fecha ya funcionaba la planta central del II Frente 8SF, y fuimos convocados Orlando Zaldívar y yo con el propósito de entrenarnos para la instalación de un planta de radio en la Comandancia de la Columna 6, cuyo primer punto de ubicación fue en Bayate, a unos trescientos metros de la Comandancia. Nos citaron porque ya éramos técnicos de radio y teníamos alguna experiencia.

El trabajo en la planta radial 8IB (ocho indios bravos) es algo que recuerdo con mucho orgullo. Todo lo que se hizo fue fruto de un gran esfuerzo, las condiciones eran sumamente difíciles, pues los medios de comunicación masivos formaban parte de la estructura de dominación neocolonial impuesta por el imperialismo estadounidense, y reforzado por el régimen de Batista. 

Las fuerzas de la dictadura nos perseguían constantemente. De hecho, los equipos radiales estuvieron en peligro muchas veces y también nuestra vida, porque nosotros teníamos que arriesgar todo por cuidar aquella planta. Fue muy difícil conseguirla y era nuestra vía de comunicación con la Comandancia de Raúl Castro y con los distintos frentes.

Recuerdo que lográbamos comunicaciones con la Planta Central en la Sierra Maestra, incluso en ocasiones desde Venezuela nos informaban que se nos escuchaba perfectamente. Nuestro trabajo estaba resultando y teníamos la obligación de preservarlo.

Por esa obligación nos llevamos varios sustos, aunque lo hicimos con deseo, porque la radio nos sirvió para prevenir, comunicar, orientar; y sí, también para salvar vidas.


- ¿Cómo conociste a Raúl Castro?

A Raúl lo había visto en varias ocasiones. La primera vez que conversamos fue un día en que él visitaba nuestra planta, y desde allí se comunicó con Fidel para ponerlo al tanto de la situación en el frente.

En otra ocasión, en que movimos la planta hasta Bombí, donde Raúl hizo una pequeña escala, también coincidimos. Desde allí, él emitía orientaciones al frente con nuestro equipo de radio.

Conocerle y compartir con él fue una gran experiencia. Siempre fue, desde joven, un gran organizador y logró que el II Frente estuviera bien preparado, tanto en lo militar como en lo civil.

- Al saber que la Revolución había triunfado, ¿qué sentiste?

Paz. Fue la concreción de un sueño, mi sueño y el de millones de cubanos que ya no aguantábamos seguir viviendo sometidos.

El triunfo revolucionario fue el triunfo de todos, no solo de quienes luchamos en el Ejército Rebelde. Fue un triunfo alcanzado con el sacrificio de muchos hombres y mujeres que queríamos ver una Cuba distinta, como dijo Fidel: “de los humildes, por los humildes y para los humildes”.

Este pueblo luchó incansablemente durante casi cien años para lograr la independencia; y después del 59 nos han tirado duro, con todo, pero ahí estamos. Y seguiremos estando. Porque nuestra libertad, no lo dude nadie, es nuestro bien más preciado.

Guido Salles recibió las medallas “45 Aniversario de Radio Rebelde” y “50 Aniversario de Radio Rebelde” (Foto: Cortesía del entrevistado)

- ¿Y cómo se ve hoy aquel joven rebelde?

Con arrugas y sesenta años más, pero con el mismo espíritu. Hoy te puedo decir que me siento afortunado de haber formado parte de ese grupo de jóvenes que colaboraron de muchas formas para lograr una Cuba mejor. Nosotros teníamos un sueño, se cumplió y se sigue cumpliendo; porque en el país que tenemos hay mucho que hacer todavía, aunque hay más por lo que estar orgullosos.

Aquel joven de diecinueve años luchó e hizo realidad su sueño. Yo sigo soñando.

 

*Escrito por Adianez Salles, estudiante de Periodismo.

 


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