Las perlas de Maricé
2021-05-18 05:56:19 / web.radiorebelde@icrt.cu / Roberto Mesa Matos
Fotos del autor y cortesía de la entrevistada
Manzanillo. - No hay instante del día que los pensamientos no “vuelen” hasta al hogar, al remanso hermoso del cariño infantil y ande, desde el recuerdo, “loma arriba” cuando en las mañanas recibe, móvil mediante, el sonido que le “arrebata” el alma y “acelera” mucho más el corazón de madre: las voces y los besos de las hijas.
“Itzel Rivero Sánchez, de cinco y Alexa Nuviola Sánchez, de ocho años de edad, son mis amores. Ahora están con la familia, saben que mamá cumple con el deber para el cual se formó desde 2014: licenciada en enfermería”.
Así inicia el diálogo con Maricé Margarita Sánchez Guerra, diplomada en obstetricia y neonatología y quien, normalmente trabaja en el área de salud pública número dos, el Policlínico Ángel Ortiz Vázquez, de esta urbe oriental de Cuba.
Esperé cinco minutos para no interrumpir las atenciones a una abuelita y el reportero pensaba en las lecciones que ofrecen las cubanas, en la actitud de “despojarse” de lo íntimo y tierno de la vida para salir a entregar las suyas de ser necesario.
Itzel y Alexa tendrán tiempo de comprender cuánto creció la progenitora desde un desempeño que la convierte hoy en heroína, aunque ella repita, como todos una y otra vez, que “nada de eso, hago lo que me corresponde”.
Maricé Margarita es dueña de una voz tierna, de palabras tan seguras como sólidos son los pasos por la Zona Roja (ZR) de enfrentamiento a la COVID-19, en la sala 1K, del Hospital Provincial Clínico, Quirúrgico y Docente Celia Sánchez Manduley, de la Ciudad del Golfo de Guacanayabo.
"Dependiendo de las patologías que padezcan y las indicaciones de los doctores, es la conducta que asumimos con los pacientes: se les coloca oxígeno (si lo requieren); las medicinas, el chequeo de los signos vitales cada ocho horas y le ofrecemos mucho apoyo psicológico”.

Para esta muchacha de 31 años de edad, “en ZR es imprescindible el trabajo colectivo, porque garantiza el éxito.
"Sobrellevamos el miedo al sostener relaciones laborales con otros colegas y trabajadores que no conocías. La confianza da paso a la familiaridad entre todos: bromeamos, nos reímos y así el estrés disminuye un poco”.
Aunque hoy está entre pacientes adultos, la mayoría abuelitos, Maricé no olvida los días por la “tierra de la piña”, a donde llegó en el instante más complicado del rebrote del nuevo coronavirus en la provincia de Ciego de Ávila.
“Laboré en el hospital con niños recién nacidos graves y críticos. Ahí sí que el corazón se me estrujó demasiado. Es inconcebible que muchos padres no mediten en los riesgos y expongan tanto a los niños y eso no puede ser con una enfermedad tan virulenta como la COVID-19”.
Las expresiones de la interlocutora toman la altura del consejo contundente a los padres de los más pequeños de casa: “Hay que cumplir estrictamente las medidas sanitarias, y bajo ningún concepto dar paso a la confianza porque es ahí donde está el peligro”.
“Salir a la calle solo si es necesario y hacerlo la persona más saludable de la familia; llevar un frasco de alcohol o gel desinfectante; usar hasta dos nasobucos, igual si por algún motivo tienen que venir al hospital”.
"No podemos “tocar” a nadie, ni nada cuando lleguemos a casa hasta darnos un “buen baño”. Solo después es posible abrazar a los pequeños, a todos”.

-¿Algún mensaje para Itzel y Alexa?
-“Uuff. Las pienso constantemente y añoro demasiado, más ahora que no estoy con ellas y es muy fuerte para mí la lejanía física.
“Ellas son mis perlas preciosas. Cuando hablamos les recuerdo la importancia de lavarse las manos, echarse el gel o alcohol, y no salir de casa porque en la calle anda un bicho feo y malo”.
“Que se cuiden mucho, que mami lo hace también para vernos, juguetear y fotografiarnos pronto. Reciban un besito mis niñas. Las amo y quiero con el alma”, y ahí una lágrima "corre" mejilla abajo, visible tras las gafas que le protegen el rostro a una de las “seños” de la sala 1K”.
El entrevistador miró el reloj digital de la pequeña salita de enfermería: 12:00 p.m. Nos despedimos llevándonos las diestras al lado del corazón.
Maricé Margarita no se percató de un detalle: cuando el periodista se alejó, iba con la mirada húmeda. Los pensamientos le dibujaban en la mente las saludables sonrisas de sus hijos Jorgito y Daniela. ¡Qué inmensas y dignas son las cubanas!
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