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Domingo, 25 de Septiembre de 2022

Che: valoraciones acerca del combate en Alegría de Pío

2012.12.05 - 08:49:08 / web.radiorebelde@icrt.cu / Víctor Pérez Galdós


Combate de Alegría de Pío el 5 de diciembre de 1956.

El 5 de diciembre de 1956 los combatientes revolucionarios que habían llegado a Cuba tres días antes, después de la realización de la travesía desde el puerto mexicano de Tuxpán en el yate Granma, sufrieron un revés inicial en la zona conocida por Alegría de Pío, en la entonces provincia de Oriente.

Después de transitar por varias zonas de la parte suroriental del territorio cubano los combatientes revolucionarios bastante agotados por las marchas realizadas, desde que se había producido el desembarco tres días antes, así como por el hambre y la fatiga llegaron hasta Alegría de Pío lugar situado cerca de Cayo Cruz en el municipio Niquero.

“Era un pequeño cayo de monte, ladeando un cañaveral por un costado y por otros abierto a unas abras, iniciándose más lejos el bosque cerrado. El lugar era mal elegido para campamento, pero hicimos un alto para pasar el día y reiniciar la marcha en la noche inmediata”.

Así evocó Ernesto Che Guevara lo acaecido el 5 de diciembre de 1956 cuando algunos años después publicara sus vivencias de la lucha revolucionaria en Cuba.

Al referirse con precisión a lo que él estaba haciendo unos instantes antes que la tropa rebelde fuese sorprendida por las fuerzas de la dictadura batistiana, el Che señaló: “El compañero Montané y yo estábamos recostados contra un tronco, hablando de nuestros respectivos hijos; comíamos la magra ración – medio chorizo y dos galletas – cuando sonó un disparo; una diferencia de segundos solamente y un huracán de balas – o al menos eso pareció a nuestro angustiado espíritu durante aquella prueba de fuego – se cernía sobre el grupo de 82 hombres.

Mi fusil no era de los mejores, deliberadamente lo había pedido así porque mis condiciones físicas eran deplorables después de un largo ataque de asma soportado durante toda la travesía marítima y no quería que se fuera a perder un arma buena en mis manos. No sé en qué momento ni cómo sucedieron las cosas: los recuerdos ya son borrosos”.

Ofreció otros detalles de cómo se desarrollaron los acontecimientos al exponer: “Me acuerdo que, en medio del tiroteo, Almeida –en ese entonces capitán- vino a mi lado para preguntar las órdenes que había, pero ya no había nadie allí para darlas. Según me enteré después, Fidel trató en vano de agrupar a la gente en el cañaveral cercano, al que había que llegar cruzando la guardarraya solamente. La sorpresa había sido demasiado grande, las balas demasiado nutridas.”

El Che también precisó en su relato acerca de lo ocurrido en Alegría de Pío el 5 de diciembre de 1956 que un compañero dejó una caja de bala casi a sus pies y que al indicárselo le contestó con cara que recordaba perfectamente, por la angustia que reflejaba, algo así como “no es hora para caja de balas” y que inmediatamente siguió el camino del cañaveral.

Y en ese instante el Che tuvo ante sí una disyuntiva. Él lo relató de la siguiente manera: “Quizás ésa fue la primera vez que tuve planteado prácticamente ante mí el dilema de mi dedicación a la medicina o a mi deber de soldado revolucionario. Tenía delante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos eran mucho peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la mochila para cruzar el claro que me separaba de las cañas.”

En Alegría de Pío el Che resultó herido por primera vez en Cuba. Contó que cerca de él un compañero caminaba hacia el cañaveral y que una ráfaga que no se distinguió de las demás, los había alcanzado a los dos.

Y añadió: “Sentí un fuerte golpe en el pecho y una herida en el cuello; me di a mí mismo por muerto.”

El Che explicó que se quedó tendido en el suelo y que había disparado un tiro hacia el monte y que inmediatamente se puso a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en que parecía todo perdido.

Precisó al respecto: “Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista, apoyado en un tronco de árbol, se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte por congelación en las zonas heladas de Alaska.”

Detalló lo que hizo entonces: “Por un momento quedé solo, tendido allí esperando la muerte. Almeida llegó hasta mí y me dio ánimos para seguir; a pesar de los dolores, lo hice y entramos al cañaveral.”

En las horas y días siguientes el Che formando parte del pequeño grupo de combatientes que encabezaría en ese instante Juan Almeida, continuó avanzando hacia la Sierra Maestra con la esperanza de reencontrarse con Fidel Castro y seguir la lucha revolucionaria.

El Che en la parte final del trabajo citado significó que ese 5 de diciembre de 1956 se inició la forja de lo que sería el Ejército Rebelde.

Él, al igual que un reducido número de combatientes pudo reencontrarse con Fidel y continuó dando su aporte al desarrollo de la lucha revolucionaria en Cuba.

Muy pronto puso de relieve sus condiciones como combatiente y llegó a ser el primero de los integrantes de la tropa rebelde a quién Fidel le otorgó el grado de Comandante.

En el transcurso de la guerra Fidel le encomendó al Che, incluso, la realización de una compleja misión: la de conducir desde la Sierra Maestra hasta la parte central de Cuba una columna invasora.

Y tras cumplir con esa encomienda el Che desarrolló una activa labor tanto como jefe de la columna rebelde así como en el campo político, lo cual fue decisivo para propiciar el desarrollo de la lucha en la provincia de Las Villas, todo lo cual, unido a la gran ofensiva que se desarrollaba en Oriente y en otras zonas del país, incluso en las ciudades, se logró la destrucción de la dictadura batistiana y el triunfo de la Revolución.


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