José Ramón Cabañas

La amenaza es la solidaridad: conversación con José Ramón Cabañas

En días recientes, el gobierno de Estados Unidos volvió a utilizar el término “amenaza” para referirse a Cuba, una calificación que carece de sustento real y que abre la puerta a medidas excepcionales sin supervisión del Congreso.

Para analizar el trasfondo de esta decisión, se conversó con el embajador José Ramón Cabañas, director del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), quien acumula una extensa trayectoria en el servicio diplomático cubano.

El término “amenaza” aplicado en la reciente directiva presidencial estadounidense constituye, en palabras del entrevistado, un artificio legal que busca habilitar medidas excepcionales en contra nuestra sin supervisión del Congreso ni rendición de cuentas ante instituciones federales.

“En nuestro caso su uso no tiene respaldo en la realidad”, subrayó, con argumentos sin sustento para esa decisión, porque son totalmente fabricados.

Cabañas explicó que Estados Unidos mantiene relaciones de todo tipo con países como China o Rusia, y negocia a diario una variedad de temas con ellos. “¿Qué tendría de excepcional que Cuba lo haga también?”, se preguntó.

De hecho, las agencias federales estadounidenses que combaten terrorismo, narcotráfico y crímenes migratorios conocen de primera mano la cooperación brindada por sus contrapartes cubanas, siempre en la medida en que la Casa Blanca lo ha permitido.

Esa colaboración se mantuvo incluso durante el primer mandato de Donald Trump, hasta que su gobierno decidió asumir una posición más conformacional contra La Habana, como parte de su estrategia hacia Venezuela.

El experto recordó que La Habana siempre ha respetado el principio de dirimir sus diferencias de forma pacífica y con apego al derecho internacional.

Mucho antes del restablecimiento de relaciones diplomáticas en 2015, Cuba estableció comunicación con contrapartes norteñas para trasladar información sobre un posible atentado contra Ronald Reagan; negoció acuerdos migratorios en 1984, 1994, 1995 y 2017; contribuyó al fin de la guerra en África sudoccidental en 1988, o brindó ayuda ante hechos excepcionales como el ataque a las Torres Gemelas en 2001 y el paso del Ciclón Katrina en 2005.

De 2017 a 2019 viajaron a Cuba millones de estadounidenses en distintas categorías: turismo, eventos científicos, culturales y de otro tipo. Ninguno pudo dar fe de que la sociedad cubana representara amenaza alguna para su país, por el contrario, muchos regresaron con comentarios favorables sobre el desarrollo de los vínculos bilaterales.

También cientos de miles de cubanos viajaron a EE UU. para visitar familiares y regresaron sin verse forzados a emigrar. El contacto directo entre pueblos desmontaba la narrativa de la amenaza, señaló Cabañas.

Entonces Trump, a instancias de Marco Rubio y otros allegados, decidió detener vuelos y cruceros, porque la industria de la contrarrevolución se quedó sin argumentos para sostener su negocio y seguir ordeñando el presupuesto federal.

El gobierno de Joe Biden, añadió, resultó demasiado temeroso en desmontar los obstáculos heredados, con la esperanza de que el efecto de la COVID-19 sobre la población y las finanzas cubanas tuviera un impacto devastador.

Solo al final de su mandato retiró a Cuba de la lista de países que auspician el terrorismo, acción que Trump revirtió apenas asumió el poder por segunda vez.

Los mecanismos creados por Washington para calificar a otros territorios en temas como terrorismo o trata de personas son, ante todo, instrumentos de presión política, enfatizó.

Cabañas recordó que 13 gobiernos estadounidenses enfrentaron a la Revolución Cubana de una u otra manera, con la intención de evitar que una nación pequeña, con alto respeto por su soberanía, decida por sí misma sobre su futuro.

Con errores y virtudes, Cuba ha defendido siempre su autodeterminación. “La única amenaza que puede significar nuestra actitud ante el mundo es moral: compartimos con otras naciones nuestros pocos recursos materiales y nuestros gigantescos recursos humanos, no lo hacemos para ejercer influencia ni con afanes de dominación.

Simplemente seguimos las enseñanzas de José Martí: ‘Patria es Humanidad’”.

Fuente: ACN

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