Nuestra historia comienza en París, en agosto de 2024, sin inicio feliz. Leyanis Pérez partía como favorita para obtener una medalla olímpica, en su oportunidad de consagrarse en la élite, pero no pudo concretar los pronósticos en un día pasado por agua.
«En ese entonces había tenido una buena temporada y, sobre todo, una buena Liga del Diamante, pero todo cambió en el evento principal. París no fue porque no fue, yo di lo mejor de mí», cuenta sobre aquel episodio.
Arrancamos por este pasaje porque muchas veces el fracaso deviene el primer paso hacia el éxito. Leyanis lloró, sí, como la captaron las cámaras. Ella salió derrotada del Stade de France, mas no vencida, pues solo perdió para aprender a ganar más tarde.
«Siempre digo que cuando Dios no quiere, no hay santo que ruegue. Tras la competencia, nada pasó absolutamente por mi cabeza, mantuve la fe en que la próxima sería mejor. Allí faltó Yulimar Rojas, pero un año después logré superarla en Tokio. El destino quiso que el escenario mundial resultara más favorable que los Juegos Olímpicos», confiesa.
Voluntad divina, talento y trabajo duro, o quizá una mezcla de todos estos factores, pero Leyanis devino campeona del orbe al aire libre, así como bajo techo en Nanjing-2025 y apenas hace unos días en la ciudad polaca de Torún. Varias veces ha probado la gloria que la esquivó bajo los cinco aros.

LA PERSONA TRAS LA LEYENDA
–¿Siendo más joven imaginaste el éxito actual?
–«Sí y no. Por la parte negativa, no me veía en la posición que ostento ahora; pero sabía que si me esforzaba lo iba a conseguir».
Detrás de cada atleta de élite, se esconde un ser humano con historias y conflictos. La de ella inició en Pinar del Río, específicamente en el seminternado Conrado Benítez.
«Empecé desde muy pequeña allí e hice toda mi vida en el atletismo. Llegué al triple salto cuando competí en los Juegos Escolares, también incursioné en la altura, velocidad y otras pruebas», recuerda. Siempre le gustó el deporte, y antes de cautivar al mundo y a su pueblo se inspiró en los eventos televisados, así como en su hermano luchador.
Por sus condiciones físicas, impresionó a su entrenador de base. «Guardaba mucha fe en mí y dijo que me volvería grande. Como era muy pequeña, no lo creí».
Su familia desempeña un rol importante, tanto así que en cada prueba, en su voz interior, su madre está presente. «Mi voz interior me dice: «vamos, muchacha, tú puedes porque has alcanzado mucho. Mamá confía en ti, eres una persona madura y capaz de vencer los obstáculos»», relata.
«Ella representa mi motor impulsor para esforzarme cada día. Con esta edad, y donde estoy, disfruto al máximo. Muchas personas ven en mí un ejemplo para seguir adelante», expone.
La confianza propia y la alegría han puesto el sello de sus triunfos. «Poseo un carácter fuerte, pero siempre trato de mantenerme alegre. La parte pesada sale cuando me frustro o las cosas no me salen bien».
Leyanis, como todas las estrellas, tiene su antagonista. En esta película ese papel lo juega Yulimar Rojas, recordista mundial, además de reina olímpica y mundial.
«Con ambas suelen ocurrir buenas competiciones, es genial porque me reta a superarme y suelo estampar mis mejores marcas. Vivo la rivalidad en el campo, pero fuera casi gozamos de una amistad, nos saludamos, hablamos y todo marcha bien», se sincera.

UN 2025 PLETÓRICO
«El año pasado fue el más grande de mi carrera, lo gané todo y cerré con el registro líder de la temporada, eso me dejó muy satisfecha». La pinareña se convirtió en una tromba sobre los estadios.
Tokio, en el mes de septiembre, se presentaba una vez más como ese desafío consagratorio, otra ocasión de saltar a la élite. En una de esas veleidades, la noche se antojó lluviosa, como aquella de hace un año. Uno, dos y tres… 14,94 m bastaron para coronarse.
«En París, cuando comenzó a llover, perdí la concentración. Ahora me dije: “que llueva todo lo que quiera”», narra entre risas. De una lid a otra el ingrediente clave fue la confianza.
«En el Mundial no sentí la tensión, me sentí en casa. Llegué muy segura de mis posibilidades, mucho más que de costumbre, me crecí. Había salido a mejorar mi marca personal, pero rocé los 15 metros», rememora.
«Mi siguiente alegría será sobrepasar ese umbral, he estado muy pegada y creo que pasará pronto. En cuanto a títulos, vienen más, los quiero todos. Cada quien posee su momento para brillar y ha llegado el mío».
Fuente: Granma
