Cuando Lídice Vaillant mira hacia atrás, le es muy difícil encontrar en qué momento despertó su vocación por los números. A la niña habanera le apasionaron tanto las asignaturas de letras como las de ciencia, pero si hay que localizar un momento exacto, ese ocurrió en la Vocacional Vladimir Ilich Lenin.
«Tuve realmente muy buenos profesores en la Vocacional Lenin, que lograron estimular en mí un interés genuino por la física», recuerda.
En aquellos años, la decisión de estudiar una carrera de ciencias no estuvo marcada por reflexiones de género: «No tenía un pensamiento relacionado con el hecho de ser o no, desde el punto de vista de género, una minoría. Simple y llanamente entendí que tenía la misma oportunidad que cualquier otra muchacha de estudiar una carrera de ciencia en nuestro país».
Esa convicción temprana sobre la igualdad de oportunidades sería el cimiento sobre el que construiría una trayectoria científica que hoy la sitúa al frente del Laboratorio de Fotovoltaica del Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales de la Universidad de La Habana, uno de los centros estratégicos para la transición energética de Cuba.

Entre la investigación fundamental y los problemas reales
Preguntarle por su pasión por la energía solar es abrir una puerta a la complejidad de su trabajo actual. «En los últimos tiempos creo que lo que más me apasiona es poder moverme entre la investigación fundamental y la investigación aplicada», confiesa.
Durante años, Lídice trabajó en un laboratorio dedicado al desarrollo de materiales con muestras a escala de laboratorio, en un espacio que describe como “muy reducido, muy aislado, donde se hace esa investigación muy de nicho”. Pero el crecimiento del laboratorio y la incursión en las celdas solares de silicio y la tecnología aplicada a condiciones reales transformaron su perspectiva.
«Nos fuimos enfrentando a problemas investigativos más relacionados con los que se encuentran en las aplicaciones reales», explica. Ese tránsito implicó conectar la formación para la investigación fundamental con las competencias necesarias para abordar problemas aplicados. «Ha sido para mí muy interesante salir de ese espacio reducido y abrirme a una interacción mucho más amplia con diversos actores, no solo académicos, sino de la sociedad en general».

El laboratorio que busca soluciones para Cuba
Al frente del Laboratorio de Fotovoltaica del Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales de la Universidad de La Habana, Lídice coordina investigaciones que buscan dar respuestas concretas a los problemas energéticos del país.
Una de las líneas de trabajo fundamentales es la calidad fotovoltaica, detalla. «Nos preguntamos qué capacidades tecnológicas necesitamos dominar para poder evaluar la calidad de estos sistemas», los cuales el país importa. Para ello, han desarrollado metodologías y espacios de medición que permiten evaluar y diagnosticar los problemas que puede presentar la tecnología en condiciones reales, en un trabajo conjunto con la Unión Eléctrica.
Pero el alcance de su laboratorio va más allá. Han realizado diseños de sistemas fotovoltaicos adaptados a las condiciones cubanas y, en colaboración con la Fundación Universitaria de Innovación y Desarrollo, han incursionado en la aplicación de la tecnología solar para el sector agrícola.
«Ahí estamos desarrollando dos líneas de trabajo», explica con entusiasmo. «Una donde hemos incorporado la automatización al riego fotovoltaico, y una segunda relacionada con una aplicación bastante novedosa llamada agrivoltaica». Ambos desarrollos se están implementando en el contexto del acelerador agrícola localizado en el Instituto de Farmacia y Alimentos de la propia Universidad de La Habana, un proyecto liderado por la Fundación.

La academia en la construcción de políticas públicas
Uno de los roles más significativos que ha asumido Lídice en los últimos años es su participación en el Grupo de Universidades para Fuentes Renovables de Energía (Genufre), que ha asesorado al Ministerio de Energía y Minas en la elaboración de la política pública de transición energética.
«Es importantísima la labor que se puede hacer desde la ciencia para la construcción de políticas públicas», afirma. «Y yo pienso que se da poco, no me refiero a Cuba, en el mundo en general. Es difícil lograr interconectar los espacios científicos con los espacios de construcción de políticas públicas».
La creación de Genufre representó, en sí misma, una alianza extraordinaria, considera la Dra. Vaillant. «Nos permitió interconectarnos entre todos. Antes de Genufre no trabajábamos de manera tan cohesionada», reconoce. El grupo está integrado por investigadores que habían acumulado resultados importantes en diferentes ámbitos de las fuentes renovables y la eficiencia energética, pero que no lograban articularse de manera conjunta.
«Genufre es una demostración de cómo las alianzas pueden ser importantes y de cuánto el trabajo multidisciplinario puede tener un impacto en función de un determinado objetivo». En cuanto a la experiencia de asesorar al ministerio, Lídice es enfática: «No solo nos sentimos extremadamente escuchados, sino que pensamos que esa experiencia ha marcado la diferencia y ha permitido que ese trabajo de asesoría sea sostenido en el tiempo en muchas otras esferas».
El valor diferencial del trabajo femenino
Cuando se le pregunta por el aporte específico de las mujeres en los equipos científicos, Lídice reflexiona con honestidad: «Esa es una pregunta difícil. Yo personalmente, cuando participo, participo como científica, participo como académica, participo como mujer y me siento en igualdad de condiciones».
Quizás, sugiere, ese sea precisamente el aporte diferencial: «Desde que entro a participar en un equipo de trabajo lo hago sintiéndome en igualdad de condiciones, y espero que eso de alguna manera transmita un mensaje». Una respuesta que, lejos de evadir la cuestión, pone el acento en la normalización de la presencia femenina en espacios tradicionalmente masculinos.

Conciliar maternidad y carrera: el gran obstáculo
A lo largo de su trayectoria, Lídice identifica un desafío por encima de otros: «El obstáculo más grande que yo enfrenté fue conciliar la maternidad en un periodo de formación profesional donde estaba enfrentando un nivel de posgrado, desarrollando el doctorado, los primeros años después del doctorado».
Describe esa etapa como «años difíciles donde debes construir un cuerpo de trabajo, armar tus propias líneas de investigación, tener incluso la capacidad de armar un grupo». Y en medio de todo eso, «conciliar la maternidad, el ámbito de los cuidados, ese rol social en el que se nos enmarca como mujer con las múltiples responsabilidades profesionales, sin duda alguna es un tremendo reto».
Frente a esto, considera fundamental «transmitir la idea de que es posible, de que se pueden construir redes de apoyo y de que se puede construir además un entorno familiar en el que existan igualdad de condiciones para el desarrollo tanto profesional como personal».

La doble jornada: un equilibrio siempre difícil
La realidad de la doble jornada laboral femenina no le es ajena. «Vamos a comenzar por decir que no es obvio que lo haya equilibrado, porque lo cierto es que yo trabajo mucho, esa es la verdad, y no siempre es fácil lograr ese equilibrio», admite.
Confiesa que es un reto enorme y que no tiene una respuesta satisfactoria: «A mí personalmente me resulta muy difícil». Sin embargo, destaca el apoyo fundamental de su familia: «En mi familia todo el mundo trabaja mucho, incluso nuestras hijas, y por lo tanto hemos construido un ecosistema en el que todo el mundo aporta para que todos podamos trabajar y desarrollarnos en la medida de nuestras necesidades».
Mensaje a las jóvenes científicas cubanas
En el Día de la Mujer, Lídice envía un mensaje directo a quienes comienzan su camino en la ciencia: «Lo más importante que puede hacer una joven científica cubana es trabajar todos los días. Ese aporte sistemático, esa perseverancia, ese construir la ciencia en un sacrificio continuo, en una sistematicidad de trabajo, eso es extremadamente importante».
Insiste en la necesidad de «mucha fuerza de voluntad y mucha perseverancia para mantenerse en una ruta que te permita lograr esos objetivos de crecimiento personal y profesional».
Sueños de soberanía energética y tecnológica
Cuando se le pregunta por sus sueños para esta Isla, su respuesta es contundente: «Para Cuba quisiera soberanía y suficiencia energética. La soberanía y la suficiencia energética serán, sin la menor duda, la base de nuestro desarrollo económico y social. Eso es un reto y un desafío extraordinario que nosotros tenemos que resolver como país».
Pero también hay un sueño más personal, más cercano a su labor cotidiana: «Sería un tremendo sueño que nosotros pudiéramos producir tecnología propia. Que pudiéramos desarrollar capacidades tecnológicas que nos permitieran ir no solo a la caracterización de la tecnología, sino a la fabricación de la tecnología en determinados prototipos y modelos que se adapten a las condiciones cubanas».

Con lucidez, vincula este sueño tecnológico con la equidad de género: «Siempre el trabajo científico que se desarrolla con capacidades propias para producir una soberanía tecnológica ayuda no solo a los hombres, sino también a las mujeres. El acceso a la energía es uno de los pilares fundamentales de la igualdad entre el hombre y la mujer, porque cuando hay pobreza energética, la parte que suele tener mayor vulnerabilidad generalmente es la mujer, por el marco y las funciones que realiza en el ámbito social».
La mujer cubana: dueña de su destino
Para cerrar la entrevista, Lídice ofrece una reflexión sobre lo que distingue a la mujer cubana: «Yo pienso que la mujer cubana se siente dueña de su destino, se siente capaz, se siente que tiene una posibilidad dentro de la sociedad de trabajar e integrarse en igualdad de condiciones a los hombres».
Reconoce que esa conciencia «es algo que en este país se construyó y fue una ganancia social importante». Advierte, sin embargo, que «debemos trabajar para no perderlo, en algunos escenarios eso puede estar en peligro».
«Sin duda alguna, la mujer cubana tiene esa capacidad, porque hay una construcción social de muchos años de esa conciencia de tener esa posibilidad: la posibilidad de desarrollarte en igualdad de condiciones como mujer, como integrante de la sociedad, como profesional y como miembro de la familia».
Lídice Vaillante encarna esa posibilidad. Su trayectoria, hecha de perseverancia diaria, trabajo en equipo y visión de futuro, es un reflejo de lo que la ciencia cubana puede alcanzar cuando se nutre de talento, dedicación y la convicción profunda de que la igualdad no es solo un derecho, sino también una condición para el desarrollo.
Escuche y descargue la propuesta radial.
