Dicen que está quedando como nueva, que muchas manos han puesto su empeño para borrar las huellas del tiempo, que se ha trabajado duro y que los resultados son palpables.
A medio siglo de su creación por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la Escuela Pedagógica Tania la Guerrillera, renace.
El ajetreo permanente de hombres y mujeres que van de un lado a otro dando los toques finales a las labores de plomería y electricidad, pintando o limpiando, lo confirma.
Jorge Alejandro González, el director, asegura que para el 1ro. de septiembre, cuando dé inicio el nuevo curso escolar, el centro exhibirá una imagen completamente renovada.
Justo en esa fecha, de 1975, Fidel llegó hasta esta construcción enorme para dejar inaugurada una obra que marcaría un antes y un después en el sistema de educación en Vueltabajo.
Más de 15 000 maestros han salido de ella, desde entonces, camino a las aulas pinareñas.
Algunos, para ir a los lugares más remotos. Otros, para garantizar la continuidad del proceso docente en la escuela, como el propio Jorge Alejandro.
A sus 28 años, afirma que asumir la dirección de la institución donde se formó como educador, constituye un honor y un desafío enorme.
«Yo siempre quise ser maestro, desde que estaba en la primaria. Entré aquí con 15 años, y mi recuerdo de la escuela es tan grande que, a pesar de esta responsabilidad que hoy ocupo, a veces camino por los pasillos y siento que todavía tengo el uniforme puesto».
Enamorado de su profesión, comenta que aun cuando los años pasan y de que cada tiempo tiene sus propias particularidades, hay cosas que se mantienen intactas.
Entre ellas, el rigor académico y el afán de formar hombres y mujeres de bien.
Antes de regresar a la «Tania», había laborado, después de su graduación, en otras escuelas de la ciudad de Pinar del Río y en la Dirección Municipal de Educación.
Sin embargo, confiesa que llegar nuevamente aquí significó «una alegría inmensa».
«Este sigue siendo un colectivo entregado a sus estudiantes».
Así también lo cree Nieves Petrona Gorgoy, otra de las egresadas de la institución, que hace 14 años trabaja en ella, impartiendo la asignatura de Didáctica de la matemática.
«Para mí es un orgullo poder ayudar a formar nuevos maestros en la misma escuela donde estudié».

MAESTROS PARA LA CIUDAD Y PARA EL CAMPO
Evelio Herrera Padrón, director provincial de Educación en Pinar del Río, explica que «la gran revolución educacional que por los años 70 emprendió el país no podía desarrollarse sin instituciones de este tipo, que también formaran a los maestros.
Se construyeron miles de escuelas y eso necesitaba de un personal docente».
El directivo señala que, aunque se dice fácil, el hecho de arribar a los 50 años reviste una importancia enorme.
«Da la medida de cuántas generaciones han sido educadas por esos miles de maestros que se han graduado en esta escuela. En los últimos años la provincia ha tenido un resultado muy estable en el sector, en los indicadores fundamentales que miden la eficiencia del proceso de enseñanza y aprendizaje y eso es, en buena medida, gracias a los maestros que aporta esta institución. Sin ellos sería imposible ese resultado».
La Tania tiene, además, el privilegio de haber sido inaugurada por Fidel. El propio líder de la Revolución, en su discurso de aquella jornada, recordaría que inicialmente los constructores habían estimado para diciembre la fecha de terminación, pero que él, personalmente, les habló de la posibilidad de inaugurar el nuevo curso aquí, y gracias a un esfuerzo inmenso la obra se pudo concluir tres meses antes de lo previsto.
«Esta es una de las más hermosas escuelas de maestros con que cuenta el país», afirmaría el Comandante y, anticipándose a lo que años más tarde serían las misiones educativas cubanas en varias naciones amigas, añadiría que «nosotros aspiramos a un tipo de maestro capaz de dar clases no solo en la ciudad, sino también en los campos», y a que, «si cualquier día un país hermano solicita de nosotros la colaboración de enviarles maestros, el número de maestros voluntarios que se ofrezcan para ir a enseñar en otras tierras sea mayor siempre que el que necesitemos».
Convencido de que en la educación estaba el futuro de Cuba, comentaría que la cifra de estudiantes aumentaba por año.
De 811 300 que se contabilizaban al triunfo de la Revolución, para el curso 1975-1976, que daba inicio aquel día, se calculaba una matrícula de 3 071 800.
«Eso quiere decir que la población habrá crecido un (…) sesenta y tanto por ciento, (…); pero los estudiantes del nivel medio han crecido un 700 %», expresaría Fidel.

CON EL MISMO RIGOR DEL PRIMER DÍA
Isabel Cruz Ruiz recuerda cada detalle como si hubiera sido ayer. Cuenta que el Comandante había visitado el centro durante su construcción y que en el afán de que se les otorgara la sede del acto nacional por el inicio del curso escolar, los profesores y los alumnos que ocupaban las primeras áreas habilitadas de la escuela –sin que se hubiera inaugurado aún–, contribuyeron a su terminación.
«Se incrementaban las movilizaciones y por supuesto que nosotros también participamos en ellas. Dábamos clases en la mañana y en la tarde, y después de comida nos insertábamos en las obras, cargando bloques, ladrillos, losas de piso, haciendo limpieza, recopilando la madera que se quitaba de los encofrados.
«Era un trabajo muy intenso, pero que se realizaba con mucho entusiasmo y con mucha calidad».
El resultado, asegura, fue una de las escuelas más bonitas del país. «Esta es una obra inmensa, hecha con todas las condiciones: sus aulas especializadas de música, de artes plásticas, de inglés, sus talleres de educación laboral, sus laboratorios de física, de química, de biología. Contaba con todo lo necesario para que los alumnos pudieran cumplimentar los objetivos trazados en cada uno de sus años de carrera».
Con una matrícula de 779 estudiantes para el próximo periodo docente que iniciará en pocos días –incluyendo 236 que comienzan el primer año–, la Tania sigue extendiendo ese hermoso legado de medio siglo de historia.
Si bien en un primer momento se dedicaba exclusivamente a la formación de maestros primarios, en la actualidad abarca un total de 15 especialidades, que van desde la educación en la primera infancia, hasta las ciencias y las humanidades en la enseñanza media.
El paso del tiempo, sin embargo, había dejado su huella en esta gigantesca instalación, y también varios de los huracanes que han azotado el territorio en los últimos años.
De ahí que, de cara a este nuevo aniversario, se iniciara un amplio movimiento para su rehabilitación.
«Se ha trabajado en el montaje de los muebles sanitarios de las residencias estudiantiles, la pintura, la colocación de la carpintería que estaba dañada o no existía después del paso del huracán Ian, la reanimación de las canchas deportivas.
«Además, en la reparación del mobiliario escolar, los murales, los monumentos y la creación de las condiciones óptimas para el desarrollo del curso», detalla su director.
Al frente de un claustro en el que se combinan experiencia y juventud, asegura que, a 50 años de su inauguración, la escuela continúa asumiendo la importante misión de formar el personal docente que demanda el sistema de educación pinareño, con la misma exigencia y la misma responsabilidad del primer día.
Por ello afirma que profesores y estudiantes llegan a esta fecha llenos de expectativas.
«En lo personal, quisiera lograr más y más maestros. Que cuando salgan de aquí, permanezcan en el sector, que se sientan motivados, que amen lo que hacen y estén convencidos del valor de esta profesión».
Lo dice con la misma pasión de aquel niño que, 23 años atrás, ya soñaba con impartir clases, y que, en los ratos libres, allá en su escuelita primaria del kilómetro cinco de la carretera a San Juan y Martínez, siempre jugaba a ser el maestro.
(Fuente: Granma)