¿Qué significa ser «mujer» en la Cuba de hoy? ¿Qué retos entraña para ellas la difícil cotidianidad de esta Isla irredenta?
Estas son cinco historias de igual número de «mujerangas» cubanas.

Eva no se rinde
La Eva de mi relato no es la de Adán y mucho menos habita en el Paraíso…
Ella vive en La Habana «profunda» y es mi amiga desde hace muchos años.
Fui en busca de su ayuda y, como suele hacerse en los barrios de Cuba, grité desde la acera su nombre.
Ella salió y, con su sonrisa de siempre, me dijo: “Reconocí tu voz…”. Colocó sus manos justo delante de mi cara y dijo: “Estoy prendiendo el dichoso carbón…”.
Sus manos estaban negras, tiznadas por el carbón. Las sopla, se sacude el polvo y sonríe: “El almuerzo no puede esperar”.
Ella sabe que su gas no es manufacturado, es de “balita”, como lo conoce todo el mundo; y aunque están repartiendo, Eva pertenece al grupo 15 y todavía van por el 11 en la distribución. Cada grupo tiene 100 personas.
Habrá que esperar, pero Eva no se rinde; con la calma de siempre cocina y estrategiza día a día el menú para su familia desde el carbón, en La Habana «profunda», como otras muchas mujeres que en la Cuba de hoy realizan su labor desde la hidalguía de un fogón de carbón.

Niurka, la de las manos de seda
Niurka, la enfermera más popular de mi comunidad, camina un poco más lento que lo acostumbrado. Sufre las consecuencias del maldito Chikungunya desde hace cuatro meses.
Se resiste a tomar corticoides, paradojas de la vida. Se queja de los dolores, de la rigidez de sus manos…
En voz alta me asegura que el virus no la vencerá. Ella se precia de ser la mejor enfermera, con manos de seda a la hora de inyectar, aunque el Chikungunya persiste en doblegar el dedo gordo de su mano derecha, dar latigazos y ponerse en modo resorte a la hora de inyectar.

Rosa y el pronóstico de la resistencia
Rosa tiene más de 80 años y cada espera cada día para dar el parte, no el de Meteorología, sino el parte de la supervivencia…

Dura, Magaly
En mi barrio, municipio Arroyo Naranjo, La Habana «profunda», está también Magaly.
Tal vez no es la «dura» de la canción, pero sí la persona justa, solidaria, que con 82 años y un bastón como acompañante infinito escucha a todos y siempre está ahí, dispuesta a ayudar al que la necesita: un documento, una firma, ser testigo.
¡Ella es mi Dura, Magaly!
Maribel, madre del concepto
Todas estas mujeres son auténticas «mujerangas» como dice mi amiga Maribel Acosta, profesora de la Facultad de Comunicación, a quien interpelo sobre el concepto después de haberla escuchado decir esa frase una y otra vez.
Ella se incluye y yo también, porque es la manera de honrar la vida rigurosa, esforzada y resiliente de las “mujerangas” de Cuba en este marzo de 2026.
Escuche, además, la versión sonora de este reporte…
