Alquimia del amor
2021-02-12 10:49:24 / web.radiorebelde@icrt.cu / Heydi González Cabrera

Antífanes, un comediógrafo griego que vivió por los años 300 ANE, dijo: “Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado”.
Los poetas siempre han exaltado, y con razón, ese sentimiento sublime que constituye “enamorarse”. Menos románticos, aunque también veraces, devienen los químicos, que sí rompen el encanto, pero sus opiniones dejan de ser importantes cuando denominan a esas sensaciones: "química del amor".

La ciencia ha investigado hasta la saciedad, las reacciones emocionales, donde tanto la electricidad con sus descargas neuronales, como la química, hormonas y otras sustancias, se alborotan en nuestro cuerpo, y nos capacitan para, sencillamente, amar. Esas son las responsables, que una pasión nos descontrole.
Puede que muchos no lo crean, pero los psiquiatras afirman que cuando una persona se fija en otra, es porque -anteriormente- ha construido un mapa mental, especie de molde con circuitos cerebrales que determinan lo que hará enamorarse de ese individuo y no de otro. Los sexólogos consideran, que estos mapas son el resultado de asociaciones con miembros de su familia, amigos, experiencias o hechos fortuitos. Es decir, que anticipándose al verdadero amor, ya hemos elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal para amar.

Por tanto, cuando decimos “química del amor” es una expresión acertada. Porque en las reacciones emocionales hay electricidad, hormonas y otras sustancias. Tanto unas como otras, hacen que una pasión descontrole nuestra vida, y evidencian buena parte de los signos del enamoramiento.
Admitido que el amor es un proceso bioquímico, iniciado en la corteza cerebral, que pasa a las neuronas y de allí, al sistema endocrino, provocando montón de respuestas fisiológicas, pues les amplió un poco más.
El caso de la feniletilamina con el amor, se inició con la teoría propuesta por la Psiquiatría, de que el cerebro de una persona enamorada contiene grandes cantidades de esa sustancia, responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando estamos enamorados.
Estos compuestos combinados, hacen que se pueda permanecer horas, haciendo el amor, y noches enteras conversando, sin sensación de cansancio o sueño.

Los expertos sospecharon de este proceso mientras realizaban un estudio con pacientes con depresión psíquica causada por desilusión amorosa y les llamó la atención la compulsiva tendencia de esas personas a devorar grandes cantidades de chocolate, alimento rico en feniletilamina, por lo que dedujeron, que su adicción era una especie de automedicación para combatir la abstinencia, causado por la falta de esa sustancia. Según la hipótesis, el llamado, “centro de placer del cerebro”, comienza a producir feniletilamina a gran escala, y así es como “perdemos la cabeza”, vemos el mundo de color de rosa y nos sentimos flotar.
El encuentro con la persona amada, dispara en nuestro cerebro una señal de alarma, y empieza en nuestro organismo un torrente de ebullición. El hipotálamo envía mensajes a través del sistema nervioso a las diferentes glándulas del cuerpo, ordena a las suprarrenales aumento de la producción de adrenalina y noradrenalina, que son neurotransmisores que se intercomunican con las células nerviosas. Entonces, las órdenes se suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, ¡erección! Todo es urgente, efervescente, impelente...

¿Quién no ha experimentado sus efectos?
Generamos más glóbulos rojos para facilitar mayor cantidad de oxígeno por la corriente sanguínea.

Nada, enrojecemos, palidecemos, temblamos, sudamos, jadeamos, y respecto a las otras evidentes reacciones externas ya mencionadas, tanto del hombre como de la mujer.... Bueno, qué les voy a contar, de esas, todos sabemos más de cuatro cosas.