Amar con miedo
2021-03-09 08:25:53 / web.radiorebelde@icrt.cu / Heydi González Cabrera

Hay quienes aseguran que los golpes enseñan... Pero, la vida ha demostrado que enseñan... ¡a golpear!. Y quienes en la infancia recibieron violencia, sin dudas, la aprenden y se corre el riesgo de que la continúen, analiza la ciencia.
Muchos conocen las erradas filosofías de que “La letra con sangre, entra” bárbaros criterios fijados en la memoria desde la niñez y que trascienden con el tiempo en quienes la aplican a sus propios hijos en una profunda cadena de injusticias.
¿Cuántos no han vivido estas experiencias y quedaron marcados para siempre? Muchos aprendieron a “amar con miedo” a sus padres porque sintieron la inseguridad constante del golpe o la caricia.
Sin embargo, las familias que así han criado a sus hijos no asumen que incurren en un flagrante maltrato infantil, porque ellos consideran que el maltrato ocurre cuando alguien ajeno golpea a un niño. No entienden que, a veces, hasta una mirada hiriente, dura, amenazante, es una agresión.
Hay múltiples familias, que incluye en sus métodos de crianza, no solo la agresión física, sino la verbal: ¡Te voy a matar!, dice alguna madre exasperada, aunque alejada del sentido de lo que dice. Pero el grito, la fiereza de la expresión, daña paulatinamente la autoestima infantil. Además, ¿es ese el patrón de ternura maternal, o la imagen de seguridad paterna?
No hay conciencia real del problema. Simplemente, ellos mismos aprendieron en su infancia a fuerza de golpes. Y no encuentran la diferencia.
La Psicología reconoce que las personas así criadas pudieran llegar, incluso, a aplicar esa furia, no solo en los hijos, sino llegado el momento, a su propia pareja. Y no es de extrañar, que en un hogar cargado de violencia, un niño se transforme en un adulto díscolo, hiriente, desprovisto de toda ternura. O por el contrario, un ser tímido, triste, sin ninguna autoestima.
Y los psicólogos refieren que en sus consultas muchas mamás se quejan, increíblemente, de que ¡no saben qué les pasa a sus hijos!
Como si el hogar no hubiera sido la forja ideal de niños agresivos, hiperactivos, desajustados. Pero, ahí no termina el dilema, se aproxima una adolescencia desbocada y peligrosa.

Un estudio definitivo concluye que "las principales causas que se han identificado como de riesgo para dar origen a la violencia, son los patrones educativos de los hijos y la cultura permisiva sobre la violencia que se observa en el entorno social y familiar de los países desarrollados".
Desde hace siglos el tema preocupa a psicólogos y políticos. ¿Es posible educar al ser humano para disminuir la violencia? De hecho, muchos científicos biopsicosociales comprenden la necesidad de prevenir la violencia en las sociedades del mundo.
Cada año, millones de personas en el mundo pierden la vida violentamente. Y esos datos no son sino la punta del iceberg, porque la mayor parte de los actos agresivos se cometen "puertas adentro" del hogar, y no tienen registros. No solo es el cómputo de las muertes. Están quienes resultan heridos, o sufren afectaciones físicas, sexuales, y mentales por esa causa. A partir de esta realidad, la Organización Mundial de la Salud, expuso:
El Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud lanza también un reto en muchos terrenos. Nos obliga a ir más allá de nuestro concepto de lo aceptable y cómodo, para cuestionar la idea de que los actos violentos son meras cuestiones de intimidad familiar, de elección individual, o bien aspectos inevitables de la vida. La violencia es un problema complejo, relacionado con esquemas de pensamiento y comportamiento, conformados por multitud de fuerzas en el seno de nuestras familias y comunidades, fuerzas que pueden también traspasar las fronteras nacionales.