Con el encanto del amor
2021-02-07 11:28:35 / web.radiorebelde@icrt.cu / Heydi González Cabrera

En muchos países del mundo, otorgan a este mes -febrero- la celebración del Día de los Enamorados, representado por un Cupido flechando un lindo corazón. Y es que la magia milenaria del concepto metafórico de tal palabra domina con la fuerza de la tradición.
Todos saben que este importante músculo deviene bomba impulsora de la sangre, y nada tiene que ver con los sentimientos, la emoción, y mucho menos, con el amor. Hasta la imagen de ese órgano latiente recibió una transmutación total para hacerlo más “decorativo”, convirtiéndolo en un logotipo que lo caracteriza como su eterna simbología.
Un día leí que “dramáticas consecuencias traería a la sensibilidad de los amantes que Cupido apareciera flechando un cerebro, en vez de un corazón”. Injusticia que hacemos al órgano usurpado, pues le robaron todas sus potencialidades de sentir y amar.
Imagínense, simplemente, la revolución semántica de sustituir “corazón” por “cerebro”. Qué efecto causaría la declaración: “Te amo con todo mi cerebro”. O en vez de decir: “Tengo la corazonada de que me quiere”, dijéramos: “Tengo la cerebrada de que me quiere”. Sin comentarios… Nada, lleva tal fuerza la antiquísima parábola, que a la luz del desarrollo científico, y en tiempos de los trasplantes salvadores, muchas negativas encierran el conflicto de transmitir al músculo cardíaco, sentimientos y pasiones.

Así las cosas, y aunque muy esclarecidos de la metáfora milenaria, se establece como oficial el cambio, a pesar del error congénito. Deuda eterna con el cerebro, al que debemos la inteligencia, el pensamiento, las capacidades motoras, el habla, y la potencialidad de pensar y sentir, cuya ausencia nos convertiría en simples robots de carne y hueso. Sin embargo, para ser todo lo justo posible, a la hora de adjudicar valores intelectuales al ser humano y destacar su inteligencia, a nadie se le ocurre decir “Es todo un corazón” y certifican rotundos: “Es todo un cerebro”.
Alguien me dijo que, la culpa de ese entuerto semántico hay que adjudicarla a los poetas que, además, siguen empeñados en considerar a la luna, como símbolo de los enamorados…Y yo, con perdón de los poetas, pregunto: ¿Es que acaso el amor no se hace en la plenitud del sol?
Errores, barbarismos, confusiones que a nadie daña, y a muchos nos hacen sonreír benévolos con el romanticismo, que comprenden hasta los mismos cardiólogos y neurólogos, en su humanísimo bregar por la vida.