El río imaginado
2010.11.08 - 09:29:17 / web.radiorebelde@icrt.cu / Heydi González Cabrera

La Habana, Cuba.- Límpidos, casi transparente, fluyendo sosegadamente por su curso, hasta perderse en un recodo. Ese es el río imaginado, que alimenta la inspiración de escritores y poetas. A sus orillas, juegan los niños, aman los jóvenes, y hasta descansan los viejos.
Los ríos caudalosos devienen presunción de muchos países, El Sena, el Nilo, el Yang tse, el Orinoco...En fin, leyendas que resaltan a esas vías fluviales.
El azul intenso del cielo se refleja en las mansas aguas de sus ríos. Con orgullo recordamos a los criollísimos Contramaestre, Toa, Zaza, al simbólico cauce de Dos Ríos, y tantos otros que alegran y vivifican la geografía cubana. Pero hay uno muy habanero: el Almendares. Otrora potente surtidor de aguas puras que desembocaban en el Callejón del Chorro, para dar vida a la Villa de San Cristóbal de La Habana, como llamaban a la actual capital del país.
Casiguagua fue su nombre aborigen que los colonizadores cambiaron por La Chorrera, y no por mucho tiempo, porque en honor al Obispo de La Habana, Enrique Almendaris, trocaron su nombre y Almendares se llamó.
De inicio muy caudaloso, a partir del siglo XVI fue testigo de la tala indiscriminada, el desmonte de grande bosques de maderas preciosas que la corriente de sus aguas arrastró hasta las costas para subirlos a los barcos que los trasladarían a España.
Finalmente, tras años de esfuerzos se desviaron las aguas hasta la naciente ciudad y sucesivas obras ingenieras concluyeron en la nombrada Taza de Vento que empezó a prestar servicio en 1926.
Durante múltiples decenios las márgenes del Almendares fueron deforestadas para construir fábricas y embalses. La industria crecida a sus riveras hizo sus aguas irrespirables, pero una ley ambiental a partir de la Conferencia Internacional Río Almendares SOS, convocado por la Fundación del Hombre y la Naturaleza, de Cuba, reclamó al sector industrial filtros y trampas de grasa para disminuir la contaminación.
Se procedió también el drenaje profundo del río y a la instalación de plantas de tratamiento biológico, sin olvidar la labor de educación ambiental con la población para estimular la respuesta ecológica cotidiana.
Tanto esfuerzo colectivo va logrando su objetivo y cada día aumentan los frutos del sueño habanero, recuperar su río y permitirle al Almendares su otrora esplendor como regalo a las futuras generaciones y homenaje a la Madre Natura.