La historia del ICAIC a través de sus documentales: 1980-1999
2018-03-23 18:35:40 / web.radiorebelde@icrt.cu / Laura Barrera Jerez

En abril de 1971, la declaración final del Primer Congreso de Educación y Cultura estipulaba que debía continuar e incluso, incrementarse, la realización de películas y documentales cubanos de carácter histórico para eslabonar el presente con el pasado y lograr diferentes formas de divulgación y educación cinematográficas.
En la década del 80, después del Quinquenio Gris, el documental biográfico alcanzó un punto climático en Cuba, al dedicarse el género al rescate de muchas figuras de la vida cultural del país, a través de “un sesgo marcadamente revelador e incluso asombroso”, según Joel del Río.
En 1987 Rebeca Chávez realiza Buscando a Chano Pozo y Gerardo Chijona, Kid Chocolate. Por otra parte, Mayra Vilasís dirige Máximo (1986), sobre el Generalísimo Máximo Gómez y Esa mujer de tantas estrellas (1987), con episodios de la vida de la capitana Adela Azcuy.

En 1982, el cineasta Julio García Espinosa asume la presidencia del ICAIC y comienza en la institución una corriente sobre importantes figuras de la música cubana como Chucho Valdés, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Omara Portuondo, Elena Burke, Tata Güines, Barbarito Diez, entre otros.
“En 1982 y 1983 fui asistente de cámara de algunos de esos documentales y me daba cuenta perfectamente de que sus directores, por lo menos con quienes trabajé, asumían la realización como un encargo más. Era como cumplir un plan. Había una lista de más de veinte figuras prominentes, y también menos prominentes, a quienes se les debía hacer un documental”, explica el cineasta Jorge Luis Sánchez.
El propio autor asegura que si en los años sesenta había un ardor por organizar los recursos expresivos para crear la ilusión realista frente a los fenómenos de la realidad, a partir de los años noventa, agotados y en crisis normas, medidas, reglas, modelos, cánones y métodos, la búsqueda prioritaria parece encontrarse en reinventar la realidad desde la libertad que otorga la subjetividad.
Uno de los ejemplo más ilustrativos de esta época lo constituye el documental Espiral, dirigido por Miriam Talavedra en 1992, quien apuesta por lograr una identificación profunda entre el espectador y un personaje como Alicia Alonso que, a pesar de sus grandes triunfos en escena, necesitaba horas y horas de ensayos porque también era propensa a los errores, al cansancio…
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