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Jueves, 06 de Octubre de 2022

Los príncipes de la calle llegaron para quedarse (+ Audio)

2022-03-14 17:59:50 / web.radiorebelde@icrt.cu / Teresa Valenzuela García


Amendrón en La Habana

Fotos tomadas de Internet

Llamados carros, autos o coches, los vehículos automotores terrestres son una de las más exitosas invenciones del ser humano en lo que a desplazamiento se refiere. Su popularidad durante más de dos siglos de historia es tal, que se estima un número total de 1,2 billones de automóviles circulando en la actualidad.

Si usted quiere divertir el alma basta solo con dar un paseo por La Habana para apreciar los automóviles antiguos, que en sus inicios y ahora llenan de satisfacción los ojos y el espíritu de quienes los valoran por sus atractivos, y  lo bien conservados que los mantienen sus dueños. La presencia del primer automóvil constituyó un acontecimiento sin par.

Los príncipes de la calle llegaron para quedarse y están considerados una de las exitosas invenciones del ser humano.

Son leyendas vivientes con una peculiar historia que los propios carros “guardan en la memoria”; ni siquiera el paso de los años ha podido arrebatarles la maravilla de vivirlas.

Los almendrones como les llama la población en Cuba a los carros antiguos, dan servicio de alquiler a cientos de personas que a diario se trasladan  por todos los municipios de La Habana; desde el principio la población lo agradeció, porque así se hizo más llevadera la falta de transporte. Otros de igual tipo pero de colores brillantes están al servicio del turismo, que desea revivir tiempos lejanos e imaginar la vida de entonces, mientras se pasea por la capital cubana.

Especialistas coinciden en que se considera que el desarrollo del automóvil no hubiese sido posible sin los adelantos tecnológicos e industriales que conllevó la Revolución Industrial. Se mencionan entre estos la máquina de vapor, cuyo máximo desarrollador fue el británico James Watt, y que permitió la invención de los trenes.

Afirman además que  otras tecnologías indispensables para la aparición del automóvil tenían que ver con la electricidad. Este fenómeno era conocido desde antaño pero generado y aprovechado en términos modernos desde el último cuarto del siglo XIX, gracias a las investigaciones de científicos como Gramme, Tesla, Sprague, Graham Bell, entre otros.

Por último, fue necesario el conocimiento de los combustibles, especialmente el motor a combustión interna, a mediados del siglo XIX, cuando comenzó la explotación petrolera en el mundo y se conoció del potencial energético de esta sustancia fósil.

El automóvil respondió al deseo de transportar materiales o pasajeros a lo largo de grandes distancias, y también, a mayores velocidades. Sin embargo, no fue el primer invento humano que intentó dar respuesta a ese deseo. Previamente existían carretas tiradas por animales robustos, lo que se conoce como “tracción a sangre”. Este transporte tenía el inconveniente de las limitaciones físicas del animal.

La mecanización que trajo consigo la Revolución Industrial ofreció una respuesta: una máquina que hiciera ese trabajo. Una que pudiera repararse cuando se averíe, llevarse al límite y alcanzar enormes velocidades, que no se cansara y que pudiera fabricarse en serie, lista para su utilización. Esto fue el automóvil.

Llamados carros, autos o coches, los vehículos automotores terrestres son una de las más exitosas invenciones en lo que a desplazamiento se refiere. Su popularidad durante sus más de dos siglos de historia ha sido tal, que se estima un número total de 1,2 billones de automóviles circulando en la actualidad.

Escuche y descargue desde nuestro Canal en iVoox la propuesta radial:

La invención del automóvil comprende distintas etapas, pero en términos estrictos de lo que hoy en día comprendemos como automóvil (un vehículo impulsado por un motor a combustión interna y con componentes eléctricos).

 Con acierto se afirma que el primer ejemplar en la historia fue desarrollado en Alemania, por distintos ingenieros de manera independiente: la fascinante historia de la llamada gran crisis de las boñigas de caballo de 1894 se repite una y otra vez en las charlas de los gurús de la innovación. El relato siempre arranca con un vaticinio del diario londinense The Times en 1894: “Dentro de 50 años, todas las calles de Londres estarán enterradas bajo tres metros de boñigas”.

Uno de los grandes problemas que padecían las grandes urbes de entonces era la cantidad de excrementos de caballo generadas, viéndose como una amenaza para la población, Pero entonces, según la narración de los gurús, llegó el inventor estadounidense Henry Ford, con sus vehículos a motor que sustituían a los caballos, y las predicciones catastróficas sobre el tsunami de boñigas nunca se cumplieron.

A lo largo de la historia, muchas mujeres, como Bertha Benz, la primera en conducir un vehículo a motor, decidieron luchar por conseguir su lugar en un mundo destinado a ser dominado por los hombres. Esta es su historia:

Nacida el 3 de mayo de 1849, era Bertha Benz, la esposa de Carl Benz, el ingeniero alemán considerado el inventor del automóvil. Quien ha pasado a la historia por llevar a cabo un viaje de ciento ochenta kilómetros, entre Mannheim y Pforzheim, en Alemania, a bordo del vehículo que había creado su marido, el Benz Patent Motorwagen. Corría el año 1888 y ese primer viaje, considerado de larga distancia para la época, a bordo de un automóvil a motor, fue uno de los grandes hitos de la historia de la automoción.

Almendrones en La Habana

Los conocedores opinan que Bertha era una mujer atípica, muy alejada de los convencionalismos de su época. Estudió todo lo que se permitía estudiar a una mujer en aquellos tiempos y aprendió mecánica junto a su padre en el taller familiar. Con el dinero de su dote, y desoyendo los consejos de su familia, financió el proyecto de su esposo Carl y se convirtió en socia de su empresa con efectos no oficiales, ya que en esa época una mujer no tenía derecho a dirigir un negocio. Tras años de duro y arduo trabajo, en 1885 Carl terminó su primer vehículo: un carruaje a motor. Por fin, en noviembre de 1886 obtuvo la patente para su automóvil de tres ruedas con un motor de tracción trasera.

A pesar del entusiasmo con el que los Benz iniciaron el proyecto y de que parecían tener el éxito asegurado, la cosa pareció entrar en un callejón sin salida. Nadie quería comprar aquel artefacto; curiosamente, en aquel entonces la gente no estaba interesada en un invento que años más tarde revolucionaría la sociedad.

Carl empezó a desmoralizarse y sopesó la idea de abandonar la comercialización de su invento. Pero nuevamente surgió la figura de su socia y esposa, Bertha. Dispuesta a demostrar al mundo que el Benz-Patent Motorwagen iba a marcar el futuro del transporte, hizo algo que podía considerarse casi un delito para una mujer en 1888: tomar una decisión sin el permiso de su marido. Bertha, junto a sus dos hijos, emprendió un viaje conduciendo el prototipo. Antes de partir, dejó una nota a su marido en la que escuetamente le decía: "Vamos a Pforzheim a ver a la abuela". Aunque el objetivo de Bertha era demostrar al mundo la utilidad de aquel invento, sin proponérselo se convirtió en la primera mujer en conducir un automóvil-según un sitio web consultado.

Su proliferación ha llegado a tal punto que muchos diseños de autos son consideradas obras de arte, cada generación marca nuevos avances, así como el legado de los que comenzaron, el mundo del automovilismo está marcado por innovaciones cada vez más revolucionarias.


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