Los valores que digo, los que muestro
2014.03.28 - 15:57:20 / web.radiorebelde@icrt.cu / Yirian García de la Torre

La doble moral, el entorno del plan mediático, el entorno real; la burocracia o la dinerocracia; el haz lo que yo digo y no lo que yo hago, el qué dirán, el prestigio y la moral, lo legal y lo ilegal; serían muy bien tribulaciones de Shakespeare en el siglo XXI.
“La historia de personas es un eufemismo”, decía un periodista en una película de la televisión cubana, agrego: mejor es hablar de plantas, de medicina verde, de homeopatía, de platos de alta cocina sin que hayan los ingredientes; de novelas de glamour o el nacer en cuna pobre y que el destino te lleve a la riqueza, a la realización de tus sueños, o a casarte con alguien que te dará un futuro mejor.
Realidades y sueños te dan en la cara día a día, pues sólo basta querer hacer un trámite para saltar con la bofetada del deber ser y del es, o el si tienes dinero; ya ni con amistades por razones que se dicen conocidas.
En otro orden de gestiones están las causas justas o el mismo San Judas necesitado para entender por qué algunas personas, dígase mujeres solas, ancianos y ancianas o personas sin padrinos; encuentren la justicia sólo milagrosamente o tras desandar los primeros niveles de gestión ni vean el sol salir, mucho menos soluciones.
La incredulidad o el desinterés van minando silenciosamente o no tan silenciosamente, sino en la callada por respuesta, una serie de ilegalidades y situaciones incoherentes dentro de los propios organismos en tiempo de cambios, en tiempos de río revuelto y ganancias de “algunos” pescadores contra quienes hay un desarme callado inexplicable.
Valen la cultura sobre leyes del programa “Al Derecho”, de la Televisión Cubana o algunos intentos de establecer conocimientos, pero, ¡Ay, del desvalido!
“¿A dónde vamos a parar?”, reza una canción de Marco Antonio Solís, igual me pregunto, si las soluciones, muchas veces, tienen solo de llave maestra el escándalo o las reclamaciones a primer nivel, en el mejor de los casos.
Hace un tiempo un amigo me hizo llegar su catarsis de nuevo año, las incoherencias burocráticas y el desconsuelo. Cuba va cambiando, Cuba cambia, en el medio de estos pasos van buenas o malas prácticas que pasan por el tamiz personal de la calidad, del nivel profesional de quien realiza la actividad en lo administrativo, lo ejecutivo o en los servicios, de quien decide.
Lo usual es un cartel que reza “El cliente siempre tiene la razón” y justo bajo el cartel ocurren los hechos de “la mala forma, la mala forma, la mala forma”, como reitera un programa humorístico cubano. Ésta puede ir de una parte u otra; también va desde la queja o la poca sistematicidad de lo que bien se estrena.
Para Shakespeare, el siglo XXI le vendría bien el drama o la comedia, la sátira o cualquier género, porque los sucesos enriquecen el día a día. Habría que comenzar desde el unipersonal ¿Qué se hace desde el yo? ¿Qué se recibe y qué se entrega? ¿Cambiar desde el uno al todos y del todo al uno? Vale revisar contextos, aprender, avanzar.
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