Cuba vs Bloqueo
Lunes, 20 de Septiembre de 2021

Política, sentimiento, respeto... Amén

2016-08-01 10:30:45 / web.radiorebelde@icrt.cu / Yoel Almaguer de Armas


Bandera cubana. Foto: Abel Rojas Barallobre

La maestra Mireya fue la primera que me enseñó a respetar. Con cinco años de edad, ellas nos explicaba cómo debíamos sentarnos, qué decir cuando llegáramos a un lugar, “y nunca olviden dar gracias”, hablaba seria y con el dedo apuntando al techo del aula. Y recuerdo que me decía. “Yoelito: no entretengas más a tus amiguitos, Yoelito, se dice: ¿maestra puedo hacer pipi?, Yoelito guarda la merienda y espera que llegue la hora del receso, Yoelito… Yoelito”.

La maestra Mireya nos formaba en la plazoleta dela escuelita y nos ponía en hilera. Una niña al lado de un niño, un niño detrás de otro, de menor a mayor. Y cantábamos el Himno que ella nos enseñaba en el aula cada mañana, cada día, antes de empezar a hacer trazos.

Mi maestra nos ponía de pie para que explicáramos a nuestras madres el significado de la bandera. Ese era su logro, su orgullo, y su aporte al futuro.  Todos crecimos y ella se puso vieja. Hace tiempo no la veo, pero creo que siempre pregunta.

Gracias a mi maestra yo aprendí a querer la bandera, quizá porque en ella guardo lo prohibido, los genios y las alegrías.

Me gusta mi bandera, imperfecta para lo de aquí y los de allá, para los que están y los que se han ido, para los que odian la política pero aman y lloran Cuba, que son cosas diferentes.

Bandera cubana colgada en el Ministerio del Transporte: Foto: Yoel Almaguer

Hay una bandera cubana colgada en lo alto del Ministerio del Trasporte, debajo de un cartel que dice: “Hasta la victoria siempre”. Y hay otra bandera en el espacio en blanco del hotel Habana Libre. Y deben haber muchas banderas en lo alto de los lugares, para simbolizar fechas, rendir homenaje a los Héroes, o para demostrar que en estos centros, los trabajadores aman sobremanera. Como si la bandera fuera, solamente, un compromiso político o un adorno.

Pero mi maestra me enseñó que la bandera no se podía mojar, que debíamos respetarla y recogerla con cuidado y en firme.

Entonces nos preocupamos más por el hombre que vende máquinas desechables en la esquina de un mercado, o por el que se gana la vida con la harina de pan de cualquier panadería para garantizar los dulces de esta o aquella dulcería.

Vivimos en el delito de no mirar de las cosas sencillas. Nos hemos ocupado más de la economía de este país que del respeto a lo único que identifica al cubano en el mundo.

Los cubanos no tenemos cultura por la bandera porque ya esa no es una prioridad y llega una edad en la que ya no se canta ni el Himno.

Bandera cubana en el Habana Libre. Foto: Yoel Almaguer

Entonces, cómo entender en estos tiempos qué significa ¡Patria o Muerte! si en el Ministerio del Trasporte ni en el Habana Libre se han percatado que la bandera de la Estrella Solitaria se moja, se dobla, se vira para acá o para allá, se enreda, se rompe y ondea rota, como si la bandera en esos lugares estuviera por imposición y no por sentimiento.

Y eso me duele: por mí y por la escuela donde aprendí a respetar, y por aquella maestra que ahora ya peina canas.


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