Sandú en Cuatro Caminos
2011.03.21 - 17:11:27 / web.radiorebelde@icrt.cu / Lucía Sanz Araujo

La Habana, Cuba. - Quizás, su obra más conocida sea el Árbol rojo, que da la bienvenida, hace casi tres décadas, a los cientos de escolares que, cada semana, aprenden y disfrutan de las bondades del Palacio Central de Pioneros Ernesto Guevara, en el Parque Lenin, en las afueras de La Habana.
Su fuerte y macizo tronco, realizado en acero inoxidable, de diez metros de altura y que se alza sobre una base de hormigón cubierta de suelo rocoso, simboliza la perpetua fuerza de la naturaleza y también, según su autor, el tronco de la Revolución Cubana. La imponente escultura cinética, llena de colorido es uno de los símbolos distintivos de la Casa grande de los pioneros y ha sido reproducida en afiches, fotos, documentales…
Sin embargo, no erraríamos al señalar que tal vez pocas personas se percaten de Construcciones, un trabajo de Sandú Darié Laver (1908-1991), el reconocido artista rumano-cubano, enclavado, desde 1977, en una de las más céntricas arterias de la capital cubana, la de Cuatro Caminos, un punto o nodo de confluencia, que a cualquier hora del día o de la noche cuenta con numeroso y variopinto público, ya sean transeúntes ocasionales, personas que se sientan en el parque a conversar, tomarse un respiro antes de abordar el siguiente ómnibus, o compradores de los comercios colindantes.
Integrado por tres construcciones: dos esculturas totémicas, realizadas con tubos de fibrocemento de casi 10 metros de altura, y otra de tubos de hierro, fueron construidas, expresamente, para ser instaladas en el conocido parque de Cuatro Caminos como parte del plan de reanimación urbanística de la ciudad de La Habana, que comprendía las arterias comerciales de Monte y Belascoaín.
Entonces, el área verde, situado en diagonal, y ambientación urbanística del arquitecto Rafael González de las Peñas y de Sandú, acogió por una parte los dos altos tubos que pudiéramos comparar con flautas sui géneris, en tanto en el otro fue colocada la columna de hierro. Fotos de la época y hasta entrada la década del 90, ponen de manifiesto la belleza de un lugar que había suplido a viejas construcciones.
Hoy, lamentablemente, ni una modesta tarja o lápida señala que esas piezas, genuinas obras artísticas, son de la autoría de Darié, precursor del abstraccionismo en nuestro país, tanto en su vertiente lírica como geométrica; uno de los máximos representantes del cinetismo en la mayor de las Antillas, comparables a los murales escultóricos El Día y La Noche, situados en el vestíbulo del Hospital Hermanos Ameijeiras (1982); la escultura en plástico y acero inoxidable La columna de la vida, instalada en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (1986), por solo citar dos de sus trabajos.
A ello se suman dos hechos lamentables: la marchitez de un parque que ha visto pasar sus mejores días y la construcción de un área de gastronomía que impide la visibilidad y destaque de la columna de hierro la cual se pierde entre los árboles circundantes.
Las estructuras móviles, collages y ensamblajes de varillas de madera policromada, sus piezas pictóricas e instalativas son excelentes muestras de la creatividad de Sandú, de su poética, ejemplo de lo mejor y más genuino de las artes plásticas nacionales, un alimento para las emociones y el intelecto que no podemos dejar perder.