Una sutil pandemia
2010.05.17 - 13:27:06 / web.radiorebelde@icrt.cu / Heydi González Cabrera

La Habana, Cuba.- Sigue el estrés involucrando a la mayor parte de los habitantes del planeta. Devenido de la tensión habitual que genera la forma precipitada de vivir y que imperceptiblemente se apodera del organismo hasta llegar incluso a su aniquilación, de no saber evitarse.
La humanidad está sometida a los grandes cambios: ritmos acelerados, demandas, competencias, reformulación de objetivos, metas, estrategias, en fin, exigencias que no solo requieren acción, sino concentración constante del pensamiento ante el nivel de expectativas. Sin lugar a dudas, los más capaces sucumben también ante tales imperativos y de una u otra forma son víctimas del estrés.
Expertos en la materia coinciden en afirmar que las contrariedades y requerimientos que cotidianamente enfrentamos, propician este resultado y sus posibles consecuencias negativas.
Al estrés se le hace responsable, lo mismo del inicio de una dermatitis, que de una crisis de asma, de la caída del cabello y hasta de un accidente de tránsito, sin obviar la disfunción sexual o la cada vez más extendida depresión. Por tanto, investigaciones multidisciplinarias de corte internacional se afanan por lograr el control de ese creciente padecimiento.
Los expertos consideran a una persona en situación estresante, cuando hace frente a situaciones que conllevan demandas conductuales, difíciles de poner en práctica o satisfacer. Es decir, depende tanto de las exigencias del medio, como de sus propios recursos para enfrentarlo. Más exactamente, las discrepancias entre las demandas del medio externo o interno, y la manera en que el sujeto percibe que puede dar respuestas.
Existen características determinantes: cambio o novedad, falta de información, incertidumbre, ambigüedad, inminencia, duración y significación para la persona, entre otras. Los estresores aparecen en el contexto laboral, familiar o social, y pueden ser de tipo biogénico o psicosociales, y provenientes de estímulos internos o del entorno. Entre estos últimos: la temperatura ambiental (frío o calor extremo), ruidos, luz intensa; o implicar aspectos cognitivos, por ejemplo, ver que dos personas hablan en voz baja y de vez en cuando lo miran y se ríen.
Estrés laboral
El trabajo es una actividad gratificante para el ser humano y su ausencia, el temor al desempleo, o la jubilación, implica problemas psicológicos en el adulto. No obstante, puede provocar efectos negativos cuando no se organiza atendiendo a las necesidades y capacidades reales de quienes lo realizan: escenario propicio para el estrés laboral.
Este problema no solo afecta a los trabajadores al provocarles incapacidad física o mental, sino también a los empleadores y hasta los gobiernos, comienzan a evaluar el perjuicio financiero que les causa.
El estrés también aparece como consecuencia del contenido o la intensidad de las demandas laborales o por problemas de índole organizativo, explica el psicólogo, y añade que el trabajador experimenta vivencias negativas asociadas al contexto laboral: apatía, astenia, dificultades en las relaciones interpersonales, disminución en el rendimiento laboral, tristeza, depresión, síntomas psicosomáticos que pueden generar la aparición de determinados trastornos psicofisiológicos.
Causas:
Los factores estresantes aparecen en cualquier ocupación, profesión o puesto de trabajo y en cualquier circunstancia que someta al individuo a una carga a la que no se ajusta rápidamente. En definitiva, el estrés en el trabajo es un fenómeno tan variado y complejo como la propia vida, y entre sus fuentes potenciales están presentes:
-Condiciones físicas en que se realiza, sobrecarga laboral, disponibilidad de recursos, contenido de trabajo y otros.
-Desempeño de roles, por ejemplo: ambigüedad, conflicto, falta de responsabilidad, etc.
-Factores vinculados a las relaciones interpersonales que se generan en la vida laboral.
-Desarrollo de la carrera profesional, por ejemplo: falta de congruencia, falta de competencia para desempeñar el puesto ocupado.
-Estructura y clima organizativo, como falta de participación en la toma de decisiones, carencia de autonomía, etc.
Efectos:
La exposición a situaciones de estrés no conlleva a efectos, necesariamente, negativos. Esto ocurre cuando las respuestas son en exceso intensas, frecuentes y duraderas, lo que desata diversos trastornos en el organismo, por ejemplo:
Fisiológicos: Aumento de la presión arterial, sudoración, del ritmo respiratorio, la tensión muscular, así como de los niveles de adrenalina y noradrenalina. Incremento de los niveles de azúcar en la sangre. Disminución del riego sanguíneo periférico y de la actuación del sistema digestivo. Incremento del metabolismo basal, del colesterol y liberación de ácidos grasos en la sangre. Aumento de los niveles de corticoides. Inhibición del sistema inmunológico. Dificultad para respirar. Sensación de nudo en la garganta. Sequedad en la boca. Dilatación de las pupilas.
Cognitivos: Preocupaciones. Dificultad para la toma de decisiones y para dirigir la atención. Sensación de confusión. Incapacidad para concentrarse. Sentimiento por falta de control. Desorientación. Olvidos frecuentes. Bloqueos mentales. Hipersensibilidad a la crítica.
Motores: Lenguaje precipitado. Temblores. Tartamudeo. Voz entrecortada. Imprecisión. Precipitaciones. Explosiones emocionales. Predisposición a accidentes. Consumo de drogas (psicofármacos, alcohol, café). Comer en exceso o inapetencia. Bostezos. Trastornos del sueño.
Del estrés, todo no está dicho. Y tampoco de las mil formas de enfrentarlo para poder sentir el trabajo, ante todo, como fuente de satisfacción. Y además, encontrar en su praxis, objetivos y motivaciones que permitan una vida mejor.