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Biocombustibles: más pobreza rural y destrucción ambiental
Astrid Barnet
Colaboradora de Radio Rebelde
web@radiorebelde.icrt.cu
1ro. de Junio de 2009, 1:20 p.m.
La Habana, Cuba.- "La idea siniestra (como advirtiera el Presidente cubano Fidel Castro) de convertir alimentos en combustibles” más que un hecho, está en vías de incrementarse a partir de las alianzas globales entre las industrias del petróleo, los granos, la ingeniería genética y la automotriz.
Y, entre los promotores de esta nueva filosofía imperial están reconocidas firmas de granos, como Cargill, ADM y Bunge; compañías de petróleo como BP, Shell, Chevron, Neste Oil, Repsol y Total; gigantes automotrices como General Motors, Volkswagen AG, FMC-Ford France, PSA Peugeot-Citröen y Renault; y transnacionales de la biotecnología como Monsanto, DuPont, y Syngenta.
En el caso de Estados Unidos este país es incapaz de producir en su territorio biomasa suficiente para satisfacer su apetito de energía; la soja, por ejemplo, es el cultivo energético por excelencia para la producción de biodiesel pero, tan sólo un 1,5 por ciento de su cosecha produce 68 millones de galones del referido producto, o lo que es igual, un equivalente a menos del uno por ciento del consumo nacional.
Sin embargo, yatendiendo a los intereses de la Administración norteamericana, cultivos energéticos son sembrados en el Sur Global. Así, grandes plantaciones de caña de azúcar, palma africana y soja –principales suministradores de energía- están sustituyendo bosques, pastizales y praderas en Brasil, Argentina, Colombia y Paraguay.
El cultivo de la soja ha provocado la deforestación de 21 millones de hectáreas de bosques en Brasil; 14 millones en Argentina y dos millones en Paraguay. En respuesta a la presión del mercado global próximamente se espera, sólo en Brasil, la deforestación adicional de 60 millones de hectáreas de su territorio acompañado de enormes índices de erosión especialmente en áreas donde no se implementan ciclos largos de rotación de cultivos.
Así tenemos que la pérdida de cobertura de suelo promedia las 16 toneladas por hectárea de soja en el oeste medio norteamericano; mientras que en Brasil y Argentina esos promedios de pérdida se encuentran entre las 19 y 30 toneladas por hectárea, dependiendo del clima, entre otros factores. A esto habría que agregar que existen variedades de soja resistentes a la acción de los herbicidas lo que ha provocado que muchos agricultores hayan iniciado el cultivo en tierras frágiles expuestas a la erosión.
Ejemplos de este gran negocio hablan por sí mismos, como es el del grupo Adecoagro, empresa agropecuaria a la que el magnate húngaro-norteamericano George Soros ha destinado un gran financiamiento. Soros invirtió unos mil millones de dólares para producir etanol a partir de 150 000 hectáreas de caña de azúcar en el estado brasileño de Mato Grosso do Sul. Así este gran magnate se convertiría en uno de los grandes productores de etanol en Brasil, y permitiría además al mencionado Grupo un ascenso anual de sus ingresos de los actuales 125 millones a 600 millones de dólares en sólo ocho años.
Para el 2015, tan sólo en Argentina, este consorcio espera moler once millones de toneladas de caña, a lo que habría que reseñar que todos los ingenios azucareros de Tucumán procesaron (para tal efecto) en 2006 unas 13 millones de toneladas. A través de esta firma, Soros tiene fuertes inversiones en ganadería, soja, maíz, trigo, arroz y girasol, y es fuerte en la producción de leche, negocio en el cual también pretende avanzar a nivel agroindustrial al sur del continente.
Por su parte, la industria corporativa de la biotecnología de las naciones altamente desarrolladas está desarrollando semillas transgénicas para la producción de energía, y no de alimentos. Según medios de prensa, "se están elaborando nuevas semillas genéticamente modificadas para la producción optimizada de biomasa—o que contienen la enzima alfa-amilasa-, que permitirá iniciar el proceso de producción de etanol".
A esto habría que agregar que resulta en extremo preocupante la indolencia que muchos representantes de gobiernos manifiestan frente al desvío de millones de valiosas y extensas hectáreas de cultivo que podrían ser destinadas a la producción de alimentos para sus respectivos pueblos. Por supuesto, Administraciones oligárquicas que tan sólo conciben las utilidades que aportan a sus bolsillos negocios tan inhumanos como el de los biocombustibles.
Así las cosas para la gran mayoría de los observadores resulta muy claro que la producción de biocombustibles no es ambiental ni socialmente sustentable ahora, ni lo será en el futuro. Hay que buscar e investigar en nuevas fuentes sustentables; que sí existen. Los vaticinios que aseguran el fin de la producción petrolera en el orbe –que la sitúan entre 15 y 50 años-, están batiendo los cerebros (agréguese arcas de dinero), de políticos y empresarios norteamericanos y europeos para pasar a todo tren del empleo y comercialización de los combustibles tradicionales a los biológicos; provocando a la vez cambios en el paisaje agrícola del orbe, en especial el de América Latina.
Más pobreza rural y destrucción ambiental constituyen ya más que un negocio, una pasión para pocos y hambre extrema para muchos. |