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Martí ante la prensa amarilla
Miralys Sánchez Pupo
Colaboradora de Rebelde
1 de Julio de 2008, 11:40 a.m.
La Habana, Cuba.- José Martí vivió en Estados Unidos los años de iniciación del proceso transformador de las ediciones de publicaciones gracias a los cambios tecnológicos que recibió la industria de la información. Coincidió con la etapa de nacimiento de los denominados como penny papers o “prensa amarilla” o sensacionalista que por siempre excluyó de sus trabajos periodísticos.
Los orígenes del estilo para presentar grandes reportajes en torno a crímenes u otros acontecimientos escandalosos los consideró improcedentes dentro de la tarea de difundir que le tocaba a la prensa en cualquier momento de su decursar ante la población a la cual se dirige en búsqueda de la verdad y la comunicación con un alto perfil cultural.
La vida del Maestro en Estados Unidos le acercó a Charles A. Dana que ha sido considerado entre los padres fundadores de ese estilo en la prensa norteamericana. Le ofrecía un espacio para escribir y no desestimó sin perder un ápice en sus criterios dejar su firma en el periódico The Sun, del cual era dueño el afamado editor.
El respeto por la calidad profesional de Martí ante Dana fue objeto de frecuentes frases de elogio por la forma de asumir sus reportajes llenos de cultura y escritos con la pasión de un enciclopedista en un tiempo de importantes transformaciones en la inmensa nación del Norte. Pero la admiración siempre fue mutua.
Charles A. Dana reconoció el trabajo martiano en su periódico al subrayar ante los trabajos del periodista cubano que “aún después de ser traducido y con dificultad de reproducir la elocuencia y el efecto de manera satisfactoria, siempre es de lo más agradable tener la oportunidad de leer un manuscrito suyo, al tratar de verterlo al inglés.”
Pero las tendencias de la prensa amarilla como elemento deformante presente en las páginas del sensacionalismo fueron duramente criticadas por José Martí por haber servido de puente para exponer una política errada y de sentir expansionista ante el problema central del pueblo cubano en búsqueda de su independencia del colonialismo español.
Aquella prensa era omnipotente y llegaba en algunas de sus denominaciones en oportunidades hasta cincuenta millones de personas, pero con un perfil turbio y maligno para trasladar con sus titulares las ideas de omnipotencia que en el caso del The Sun de Dana aseguró la determinación norteamericana de colocar su bandera en todos los confines.
El Maestro sabía a que atenerse con ella, por eso trato de difundir sus mensajes para desmitificar aquella radiografía indigna por servir a encumbrados intereses que no perseguían buen futuro para las ideas de una Cuba libre e independiente. |