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Caen las máscaras del golpe
Joaquín Rivery Tur
Colaborador de Radio Rebelde
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1 de Diciembre de 2009, 10:55 a.m.
La Habana, Cuba.- Las urnas hondureñas vomitaron sus papeletas ensangrentadas para elegir a Porfirio Lobo, derecha, igual que sus oponentes, como presidente salido de un golpe de Estado en el que ya nadie esconde la participación de Estados Unidos. No quedan ni rastros de las máscaras del golpe.
En San Pedro Sula el ejército y la policía se divertían dando bastonazos, lanzando gases lacrimógenos y chorros potentes de agua a los manifestantes que protestaban por unos comicios salidos de la punta del fusil. Democracia pura.
Las elecciones de este domingo 29 fueron espurias. No pueden tener legitimidad ninguna actos efectuados bajo el control del ejército y la policía, en medio de represiones inauditas y producto de un golpe de Estado cocinado y alentado por la embajada norteamericana.
La Casa Blanca jugó con la opinión pública latinoamericana. Obama dijo que no reconocería a los gobernantes, pero no quiso calificar de golpe militar el cuartelazo del 28 de junio pasado.
Washington inventó luego el pacto de San José con ayuda de su aliado Oscar Arias, y finalmente el golpista Roberto Micheletti se desenmascaró completamente, canceló todo y dijo que valían las elecciones convocadas.
Desde el Departamento de Estado dijeron inmediatamente que reconocerían los resultados. Acompañaron a los estadounidenses Perú, Panamá, Colombia y, por supuesto, Costa Rica.
El resto de América Latina rechazó las elecciones por haberse realizado en condiciones de un país bajo reglas de un golpe de Estado. Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua emitieron declaraciones condenatorias como impulsadas por resortes.
El problema es que la mayor parte del trasiego económico de Honduras es con Estados Unidos y si Washington reconoce el Gobierno “electo” puede contar con ayuda económica y comercio activo. Su aislamiento es diplomático.
El rechazo a esos comicios es explicable. Si se admiten como legales esos comicios Washington puede volver a recurrir al golpe de Estado en cualquier otro país con un gobierno que no sea de su agrado, realizar elecciones “democráticas” y continuar imponiendo su dominio. El precedente es peligrosísimo.
No importa que el Frente de la Resistencia haya denunciado que hubo entre un 65 y un 70 por ciento de abstención. La Casa Blanca necesitaba que las urnas se abrieran, acudiera alguna gente bajo amenaza de despido, y se cerraran. Es el nuevo concepto de democracia manejado por Estados Unidos y regado por los medios de difusión masiva del imperio.
En Europa, en fin de cuentas, van a aceptar tarde o temprano la posición emanada de la Casa Blanca. No pueden ir en contra a pesar de todo su cacareo sobre los derechos humanos, que se han estado violando en Honduras desde el mismo día del golpe.
Incluso la OEA volvió a demostrar que es un instrumento de Estados Unidos cuando su secretario general, el chileno José Miguel Insulza aseveró que podría entrar en negociaciones con el nuevo “gobierno”. Era de esperar. |