Largas
filas para optar por un empleo en lugares donde solo se
necesita un trabajador; semanas y meses de búsqueda constante;
el rechazo por carecer de experiencia; algunos con “suerte” ocupados
en actividades riesgosas y poco remuneradas…
Son escenas del día a día que dicen de la agonía
de millones de personas para encontrar un empleo en México,
una situación que se da en la mayoría de los
países de América Latina y el Caribe, y que se
torna insoportable cuando de ellos depende el sustento de la
familia.
Así, cuando las opciones acaban, se les ve en las
calles como limpiabotas, limpiadores de cristales de vehículos,
buhoneros, quincalleros o vendedores ambulantes (así se
les denomina en dependencia del país), vendiendo todo
lo que aparezca. O sea, la llamada economía informal
o subterránea. Pero también son vulnerables
a caer bajo la esclavitud de la delincuencia organizada.
Cifras de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) precisan que en la actualidad trabajan en México
25,5 millones de personas en la economía informal,
cifra que tiende a elevarse, advierten analistas.
Según un estudio realizado por la Confederación
de Trabajadores de México (CTM), las políticas
macroeconómicas aplicadas en los últimos años
hicieron de la economía informal una opción
de subsistencia ante la incapacidad del modelo económico
de desarrollo para crear puestos de trabajo y la necesidad
de una población en constante aumento.
En estados como Oaxaca, Quintana Roo y Chiapas esa variante
constituye la única posibilidad que tienen miles de
personas, de acuerdo con la CTM, que también atribuye
el incremento del trabajo informal al bajo crecimiento económico
y a las trabas burocráticas para crear plazas laborales
en los nuevos negocios y empresas.
Una situación que parece no tener solución
a menor y mediano plazo atendiendo al más reciente
informe del Instituto Mexicano del Seguro Social, el cual
muestra un crecimiento bajo del empleo formal en el 2008,
lo que conlleva a la búsqueda de trabajos temporales.
Aunque
las cifras dicen por si solas de la agonía
que viven estos trabajadores informales, el número
de los que optan por esta variante puede ser mayor en ese
país dado que el desempleo se mide oficialmente a
partir de las personas que en un mes acuden a las oficinas
especializadas en busca de trabajo.
Esta situación es un fenómeno que alcanza nivel
global. La mayoría de quienes están ocupados
continúan siendo pobres, están obligados a
laborar largas jornadas, en el área informal o con
contratos temporales, en pésimas condiciones, salarios
bajos y poca o inexistente seguridad social.
En
estas condiciones será muy difícil que
América Latina y el Caribe logre una de las metas
del milenio de reducir la extrema pobreza a la mitad para
el año 2015, a la que se comprometieron los líderes
mundiales en el 2002, durante la Asamblea General de las
Naciones Unidas.
Poco
se ha avanzado hasta hoy, y pese a los esfuerzos de algunos
gobiernos para revertir esa situación el encontrar
un empleo seguro continúa siendo una verdadera agonía
para la población en el mundo. |