El reto agrícola de restituir el antiguo granero de Cuba
Fernando Dávalos
Colaborador Rebelde
2 de agosto de 2008, 11:00 a.m.
Aún en La Habana y en el resto empobrecido de la Cuba de 1958, con menos de la mitad de la actual población de la Isla, se escuchaba hablar de los cosecheros frijoleros de la zona de Velasco, en el lejano Holguín oriental, con cosechas notables para aquellos tiempos, que se quedaban a veces por falta de mercado o porque eran realmente exiguas.
Ahora, sin embargo, ante el imperativo de producir alimentos, se trata de movilizar la inteligencia y experiencia de los campesinos productores y sus familias en aquella misma zona para levantar y extender las cosechas de granos del lugar, que entonces era llamado, no sin cierta ironía, el granero de Cuba en Velasco. Pero esto hoy es un desafío porque hoy no bastan sus antiguos niveles de actividad.
Otros cultivos más remunerativos acabaron de marginar la siembra de granos, pero hoy se puede recomenzar con las pequeñas y ecológicas parcelas, y evitar los grandes laboreos, que implican mayores gastos en maquinaria, fertilizantes, pesticidas y mano de obra, en lo que vale la práctica de los viejos productores, ahora convertidos en cooperativistas. Ayudan en ello los colegas de la “unidad de extensión, investigación y capacitación” de Holguín, que han elaborado un programa que introduce simientes de variedades biofortificadas y más resistentes, y adaptadas al clima de Velasco. Pero no basta, porque no existe un centro de capacitación para los nuevos campesinos.
Se piensa enrolar en esta última premisa a las locales salas de televisión, video y hasta los Joven Clubes de Computación, que pueden proporcionar a la zona frijolera refomentada las bibliotecas y bases de datos de la agricultura. Desde luego, se trabaja en el entrenamiento de los jóvenes, y de los no tan jóvenes, en la producción y mejor almacenamiento de semillas, y en extensión agrícola, que en la comarca cuenta con “extensionistas” conocedores de cada pedazo de tierra. No hay que olvidar a los anteriores productores campesinos, que acumulan muchas soluciones exitosas propias.
Hoy no podemos basarnos solo en el trabajo manual. Con una máquina cosechadora, llamada muy significativamente Vencedora, se generó un movimiento de innovadores en Velasco, que hoy tiene inventariadas medio centenar. Se cambió la tecnología del riego por surco, se expendieron mejores equipos para llevar el agua a las plantaciones, y los productores aprendieron a hacer biopreparados y a lograr semillas de más calidad.
Estos empeños iniciales duplicaron los rendimientos del fríjol común en las áreas beneficiadas: de O, 6 a 1,2 toneladas por hectárea. Pero se sigue el esfuerzo por mejorar las simientes en calidad, y se incrementó el área de siembra, del común y del carita (caupí). |