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Todo el mundo quiere balas
Joaquín Rivery Tur
Colaborador de Radio Rebelde
web@radiorebelde.icrt.cu
3 de Octubre de 2009, 9:40 a.m.
La Habana, Cuba.-Tal parecería que los habitantes de Estados Unidos podrían en cualquier momento salir a las calles y entrarse a tiros unos a otros con la complacencia de los fabricantes de armas y de la Asociación Nacional del Rifle.
De hecho, las manufacturas grandes y pequeñas están de fiesta porque, en medio de la crisis económica, ellas han elevado la producción al tope e incluso han introducido un cuarto turno de trabajo para crear la mortal mercancía las 24 horas del día.
De todas formas se agotan, los anaqueles de las armerías ven vacíos los compartimientos de las municiones, porque, en cuanto aparecen, los clientes las compran en cantidades industriales.
¿Para qué quieren tantos proyectiles los norteamericanos? Están en crisis, el desempleo aumenta, el dinero escasea, pero adquieren balas como si fuera la comida que llena los refrigeradores y de la cual depende la familia.
Se trata del síndrome de la violencia. Los norteamericanos viven con miedo de que los asalten en las calles y callejones de las grandes ciudades, que los cacos se metan en las casas, o piensan que en cualquier momento tienen que meterle un tiro a algún vecino abominable o al que le birló su pareja.
Como eso es lo que ven constantemente en la televisión, no se sabe cuántas horas al día, pues eso hacen después que esa droga les ha penetrado en la cabeza.
Estados Unidos debería hacer como los países civilizados, tener leyes que prohíben o al menos controlan rigurosamente la tenencia de armas, pero lo único que ha sucedido en los últimos tiempos es que les permitieron acudir armados a los parques nacionales (antes estaba prohibido) y se restituyó el “derecho”, abolido bajo Clinton, de portar fusiles de asalto en público.
Los periódicos achacan la tendencia del aumento de la venta de municiones (y también de armas en general, en un 25% en 2008 respecto al año anterior) al temor de que se presente en el Congreso una ley para regular su tenencia, mas no ha habido ni el menor rumor de que eso pueda suceder.
De todas formas, el nerviosismo existe, la gente ha reaccionado ante el temor y las compras desmesuradas han vaciado las armerías. Las agencias dicen que los polígonos de tiro, los comerciantes de armas y los fabricantes de balas, sobre todo de pistolas, dicen que nunca han visto una escasez semejante.
El 25 % más de armas vendido el año pasado significa, según datos del FBI, que se reportaron 6,1 millones de inspecciones para solicitudes de ventas de armas entre enero y mayo.
Según los datos disponibles, los estadounidenses adquieren unos 7 000 millones de balas y cartuchos por año. El año pasado la cifra subió a unos 9 000 millones. |